EVOCACIONES DE UN ESCRITOR SEXAGENARIO - V – LAS INFINITAS CARAS DE UNO MISMO

 



    La bondad, la maldad; son conceptos tan ambiguos.

    Creemos saber todo sobre nosotros mismos; pero, la vida, ante diferentes situaciones a las que el azar nos somete, en ciertos momentos, al igual que nos revela a nuestros semejantes, también nos descubre llegando a límites insospechados.

     “No desprecies a la serpiente por no tener cuernos, quizá se reencarne en dragón”; dice un proverbio chino, que yo escuché por primera vez con siete años en la serie Kung Fu de la televisión de los setenta.

    La autosuficiencia, la soberbia, el afán de alcanzar a cualquier precio objetivos sociales que proporcionen dinero y reconocimiento, siguen siendo las metas de los humanos “civilizados”. Esto ha acabado convirtiendo a muchas personas en seres irreflexivos que sólo se miran el ombligo y desprecian y avasallan a los que consideran débiles o inferiores a ellos.

    Pero, la historia de la humanidad, desde la narración bíblica de “David y Goliat” -aquel pastor que venció al gigante- hasta hoy en día, está llena de momentos en los que, seres humanos o grupos que se creían gigantes intocables, han sido derrotados por otros seres humanos o grupos a los que consideraban inferiores.

    La vida me ha enseñado que no es conveniente pensar que “el que calla otorga” o “el que contesta a la agresividad con indiferencia es un cobarde”.

    Incluso es peligroso pensar que un campesino es un ignorante y se le puede engañar, o que un escritor no sabe cavar la tierra o utilizar los puños.

    La vida es un continuo estado de transición; cuantos más recursos adquirimos a lo largo del camino, con más seguridad y serenidad sabremos afrontar cada reto.

    Un proverbio samurai dice: “Cuanto más sudes en el entrenamiento, menos sangrarás en el campo de batalla”. Otro proverbio japonés dice: “Aunque se necesite la espada una sola vez en la vida, es necesario llevarla consigo siempre."  

    Hoy, en muchas ocasiones, los seres humanos no han tenido desde niños o dejan a un lado ese “entrenamiento” de vida; por eso, ante cualquier incidente, se hunde en su vacío. 

    También, muchos, caminan la vida con un seguridad ficticia, confiados en su propio ego. Cuando algo perturba su vanidad, su “espada” no está preparada para afrontar el desafío que les pone la propia existencia.

    Hago poco caso del león que ruge en la distancia desde su montaña de poder y riqueza. Presto mucha más atención al mosquito que acecha silencioso en la sombra.

    Los seres humanos hemos creado un mundo de “principios” radicales en un mundo artificial. Cada vez más las sociedades tienden a globalizar esos principios, extendiéndolos a todos los que habitan el planeta. Pero la tierra es un lugar con infinitos matices, y todos los habitantes de este mundo son diversos.

    En mi interior, después de experimentar, observar y reflexionar; procuro albergar todo aquello que los años me mostraron.

    Sólo así puedo conocer algo a mis semejantes y respetarlos.

    Sólo así puedo conocerme un poco y respetarme.

  

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Foto ©Julio Mariñas

Compositor y escritor


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