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ÁNGULOS

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    Ángulos agudos, opresores, estrechos de miras, con tendencia a cerrarse y excluir la luz.      Ángulos rectos, hieráticos en sus conceptos, tendentes a un estatismo feroz, carentes de movimiento.      Ángulos obtusos, ajenos, resbaladizos, maleables en su inestabilidad.      180 grados, linealidad máxima, sin principios ni fin, engañosos conceptos de cambio.      La suma de los ángulos de un triángulo es igual a dos ángulos rectos. Fue Blaise Pascal en el siglo XVIII. Triángulo contenedor del ojo que todo lo ve. Símbolo que encierra en su estructura la serenidad, el poder.      360 grados; y volver, volver, volver; siempre lo mismo, eterno retorno, principio y fin indescifrable.      Los axiomas son pilares del pensamiento que permiten mil ramificaciones del saber y la deducción. Pero, a la vez, matan la espontaneidad, eliminan la creatividad pura, sus fundamentos anti...

PALABRAS

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    Todas los verbos conjugados, los adjetivos que nos brindamos sin reservas, las interrogaciones que lanzamos al aire de la radiante juventud; se fueron alejando en los buques que navegaban más allá de la Línea Mortal del Horizonte. La misma que contemplamos sin cadenas ni   barreras cuando fuimos lobos de uñas afiladas y colmillos poderosos que nunca veíamos calmada nuestra sed. Quedarán allí, flotando en los vientos de Norte, donde los rudos marinos luchan por alcanzar costas que no vienen en los mapas.   Por ti, por mi, por el amor que nos dio tanto. 

UNA FOTO ENTRE LAS MANOS

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    Tenías la mirada llena de sueños e incertidumbres. Eras bella y salvaje. Todas las nieblas de mis días se diluían a tu paso. ¿No lo recuerdas? Nos amábamos con la osadía de la edad donde las fantasías se envuelven en noches de pasión; dueños y siervos de nuestras propias ansias juveniles. Entre mis manos una foto liviana en su materia, pesa como la losa más compacta, por que alberga en ella el tú y el yo; todo lo que fuimos y quisimos ser, todo lo que dejamos al borde del camino. Eras toda pasión y tu piel tenía la frescura de los años en que los vientos rodean las perdidas cabañas que se esconden en los ignotos bosques del exceso. La fotografía conserva toda la luz de aquellos años, de aquel tiempo en que la fuerza de la juventud nos permitía cruzar mares que no figuran en las cartas de navegación y la rosa de los vientos giraba sólo para ti y para mi. Una foto entre las manos puede hacernos comprender que poco dura la felicidad, se escapa entre los dedos sin apena...