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ENTRE LA LUZ Y LA SOMBRA DE LOS DÍAS - CAPÍTULO V - LAS HORAS QUIETAS

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    Tic, tac, tic, tac. El péndulo inflexible oscila protegido por la caja del reloj de pie. “Hace tiempo que debería haberme desecho de ese artefacto”. Piensa en la oscuridad del cuarto, aún vestido sobre la cama sin deshacer. La nocturnidad siempre ha sido cobijo de la reflexión. Una caverna dio a Platón muchas de las claves de su filosofía. ¿Es la oscuridad el hábitat natural del hombre pensante? Probablemente fue al abrigo de las cuevas donde el homo primitivo, alrededor del fuego, comenzó a hacer volar la imaginación y reflexionar sobre lo divino y lo humano. Manchas negras y ocres en perdidos rincones de olvidadas grutas; uros y otros animales plasmados por nuestros ancestros para exorcizar sus fantasmas, para propiciar la caza. Pensamiento en el futuro. Inicio de la conformación de un pensamiento dependiente del porvenir, tendente al olvido del presente, nostálgico del pasado. Siempre ha dormido muy poco. Sus pensamientos se debaten implacables entre la razón más...

CAMINO DE JUVENTUD - (REFLEXIONES DE UN POETA EN LA SOMBRA - XXVI)

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    Atardecía siempre por el camino que juntos recorríamos hasta el umbral de tu casa. ¿Lo recuerdas? Parece que fue  ayer, como se suele decir. Pero, hace tantas primaveras. Buscaba tu mirada como aquel que busca el brillo que sólo pueden dar las estrellas que más alumbran. Éramos tan jóvenes. Sólo teníamos esa riqueza, y nos bastaba. Quien tiene la juventud, no espera encontrar más tesoro que un nuevo anochecer lleno de vida. Pero todo se desvaneció sin apenas darnos cuenta. Como un sueño del que no anhelas despertar. He recorrido tantas veces de nuevo aquel camino en mi mente ya ajada por las horas de placeres y desengaños. Éramos jóvenes y teníamos la osadía de aquellos que poseen la copa rebosante del néctar que sólo dan las pocas primaveras. Caminábamos despacio, como prolongando nuestro mundo de sensaciones nuevas y placenteras. Si te amé o no, ya no recuerdo. Sé que amaba la vida y tú eras parte de ella. La pasión tiene la fea costumbre de extenuar a los am...