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ENTRE LA LUZ Y SOMBRA DE LOS DÍAS - CAPITULO III - BEN WEBSTER

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      Camina las calles húmedas, densas en su sobriedad. Su paso, ralentizado por la pesadumbre de la evidencia, desacompasado, apenas sostiene su cuerpo encorvado. Busca el pequeño bar. Aquel donde solían pasar las veladas el grupo de amigos. Allí la vio por primera vez. Sonaba el saxo tenor de Ben Webster, aterciopelado, moribundo, profundo, envolvente, dulce, embriagador, candente, experimentado, solitario; el humo de los cigarros se entrelazaba y ascendía hacia el techo del pequeño local. Fuera, los gatos hurgaban en las basuras y algún mendigo tambaleaba su pena por los oscuros callejones del barrio antiguo. Y Webster era la melodía hecha pasión y desencanto. Pero entonces él era un joven apenas sin espejos; tan solo aquellos que hablaban de otros paraísos y sensaciones. Ella tomaba algo en la marmórea barra. Con un sutil movimiento de muñeca llevó el vaso a los delicados y perfilados labios para beber. Así la vio por primera vez, mientras el saxo tenor de Ben...

ANTES, AHORA Y SIEMPRE

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    Hemos subido las cumbres donde los hombres han hablado con los dioses; hemos surcado los mares donde las musas juegan con las olas; hemos visto amanecer en las doradas costas donde las aguas se tornan mansas y devuelven al día vencido su festival de tonalidades celestiales; hemos descendido los ríos que mueren en océanos sin nombre; hemos roto las amarras del ocaso siniestro poblado de criaturas venidas más allá en la Dimensión Hiriente; hemos resistido el paso cruel de la Invisible Línea Ensangrentada por los rincones del alma y sus misterios; hemos danzado en la penumbra de los deseos y las furias; hemos agrietado la piel de los acantilados donde ruge la pasión y éxtasis; hemos libado el néctar de las más ignotas ambrosías cultivadas en los jardines perdidos en los tiempos; hemos derramado las lágrimas crueles de los tiempos de angustia; hemos reído sobre la sombra de nuestros fracasos y miserias; hemos dejado el aliento y el alma en cada jornada robada al tiempo y sus...

CAMINO DE JUVENTUD - (REFLEXIONES DE UN POETA EN LA SOMBRA - XXVI)

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    Atardecía siempre por el camino que juntos recorríamos hasta el umbral de tu casa. ¿Lo recuerdas? Parece que fue  ayer, como se suele decir. Pero, hace tantas primaveras. Buscaba tu mirada como aquel que busca el brillo que sólo pueden dar las estrellas que más alumbran. Éramos tan jóvenes. Sólo teníamos esa riqueza, y nos bastaba. Quien tiene la juventud, no espera encontrar más tesoro que un nuevo anochecer lleno de vida. Pero todo se desvaneció sin apenas darnos cuenta. Como un sueño del que no anhelas despertar. He recorrido tantas veces de nuevo aquel camino en mi mente ya ajada por las horas de placeres y desengaños. Éramos jóvenes y teníamos la osadía de aquellos que poseen la copa rebosante del néctar que sólo dan las pocas primaveras. Caminábamos despacio, como prolongando nuestro mundo de sensaciones nuevas y placenteras. Si te amé o no, ya no recuerdo. Sé que amaba la vida y tú eras parte de ella. La pasión tiene la fea costumbre de extenuar a los am...

EL NIÑO QUE SOÑABA CON SER POETA (REFLEXIONES DE UN POETA EN LA SOMBRA - VIII)

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    Soñaba con ser poeta. El niño pensaba que la pasión y el amor eran veneración, sufrimiento, locura por la persona amada. Y Bécquer, seguido de toda su “cuadrilla” de escritores, pintores y demás artistas románticos, hicieron que su infancia, cuando estaba en soledad, se convirtiese en un hermoso cuento gótico. Así, el niño se hizo adolescente y, Baudelaire, seguido de otra “cuadrilla” diferente, lo fueron convirtiendo en una suerte de doctor Jekyll y mister Hyde, que fue intentando conservar en cada aventura de la vida su alma romántica, a la vez que iba siendo arrastrado por  la propia existencia  a  las historias más carnales. Desde pequeño escuchaba decir “Soñar no cuesta dinero”. Tal vez por eso se dedicó a soñar y se olvidó del dinero. Craso error. Y viene a cuento la expresión, ya que fue la ambición de este gobernante romano, que formó triunvirato junto con Pompeyo y Julio César, quien dio origen a dicha frase. Pese a ser el menos conocido del famos...

EL ADIÓS

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    Llegaste un día entre las montañas que custodian el horizonte de juventud. Tenías el cuerpo moreno y los labios sedientos de carne. Nos amamos allí, en las lejanas tierras que los buscadores de sueños no alcanzan a vislumbrar. Tú y yo, solos bajo la noche de plenilunio surcada por infinitas estrellas fugaces. Y no hubo más tiempo que el marcado por nuestros cuerpos ardiendo al ritmo de la pasión y el desenfreno. Pero, así como llegaste, tu rastro se perdió una mañana de otoño desvaído; dejando entre las sábanas el aroma de eternidad que sólo poseen las pasiones ardientes de las horas en que la juventud abrasa. OBRA DE JULIO MARIÑAS

ESCRIBIR Y SOÑAR

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    El tiempo se tornó difuso. Eran las horas de la incertidumbre; cuando podíamos ver las aves surcando los océanos rumbo a otras latitudes. Entonces los horizontes de juventud se abrazaban y entremezclaban en atardeceres de rojos intensos en pasiones encendidas. Dueño de la noche, frente al papel en blanco, derramaba versos llenos de vida. Nunca se está tan cerca de la felicidad como cuando rememoramos los instantes en que la existencia se agarró a nuestra piel con infinita pasión. Y la pluma sigue emborronando páginas. Pero las máquinas, compañeras de tantas veladas, yacen calladas, sustituidas por el teclado del ordenador. En días como hoy las contemplo; mudas sobre la repisa. Sus cuerpos yacen descansados después de tantas páginas cumplidas. La noche tiene el rostro lleno de cicatrices cuando contemplo la luna y las estrellas. Surcos creados a golpes de palabras llenas, de frases enardecidas. Nunca deja el que escribe de soñar. En cada esquina del camino se agitan ...

ESCLAVOS

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    Fuimos esclavos de nuestras pasiones, de nuestros instintos salvajes y, febriles, no sentimos el latir del péndulo cruel del tiempo inexorable; porque nuestros corazones ocultaban cualquier otro sonido que no fuera la melodía del ardiente impulso de los cuerpos encontrados. Fuimos esclavos del tú y el yo, hasta que el correr de las horas, de los días, de los años; nos hizo esclavos del pasado. Pintura Julio Mariñas

LAS PALABRAS NUNCA PRONUNCIADAS

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     Nunca te dije que, mientras sonreías al escuchar mis reflexiones, veía el mundo reflejado en tu pálida cara de diosa griega. Tenías en el rostro la sinceridad y la pureza de la dama que acoge a los amigos en sus maternales brazos y tu voz era dulce como una primavera ya cumplida.     Nunca te dije que, mientras apoyabas tu cabeza en mi hombro, cansada después de una larga jornada en remotas aldeas ya perdidas, sentía en mi joven cuerpo desgarrarse el deseo hacia tu piel cobriza, envuelto por tu grave voz que animaba mis anhelos.     Nunca te dije que, mientras jugabas con otros a seducir y aceptar ser seducida, descendía cada vez más en mi dolor de caballero herido por tu insultante desdén y seguía albergando un vez más la esperanza de un nuevo beso que hiciese latir el corazón en mi pecho adolescente.     Nunca te dije que, mientras decías adiós con lágrimas en los ojos al tiempo que nos jurábamos amistad eterna; ...

FRANÇOIS TRUFFAUT – LOS DULCES SUEÑOS Y LA CRUDA REALIDAD (PARTE I)

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    Con motivo de mi próximo viaje a París, he vuelto a ver la filmografía de François Truffaut. Como siempre, encuentro en este cine, tan francés y al mismo tiempo tan universal, toda la sencilla maestría de uno de los grandes directores de la historia de séptimo arte. El “enfant terrible” de una generación de apasionados por el cine que, a pesar de su carácter rebelde y contestario, lo acogió con los brazos abiertos. Godard, Rohmer y otros muchos, entre los que destacaría André Bazin, fueron de gran ayuda al muchacho de infancia complicada que había sido François Truffaut; salvado de una vida gris, gracias a su pasión por la literatura y el cine, por su incansable ansia de aprender y conocer todo lo relacionado con el celuloide. En sus películas, detrás de una aparente sencillez, supo combinar el romanticismo y la cruda realidad, la autobiografía y los sueños, el amor y la muerte, la infancia y la madurez, la pasión y el desamor. Lo hizo tan magistralmente, que su c...