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Mostrando las entradas etiquetadas como muerte

ESPECTROS - III

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    Lívida, marmóreo el rostro; allí en lo alto de la mansión entre roquedales; asoma su tez macilenta al amplio cristal, silenciosa y enigmática. Su mirada firme no parpadea. Tiene en su semblante toda la decepción de la muerte temprana, la cruel desolación del no haber vivido.

RELATOS ROTOS - II - RITMOS PERSISTENTES

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    Los amantes están sentados en el banco del parque, la cabeza del amante en el pecho de la amada escucha los latidos del corazón. Mientras la ternura envuelve a los jóvenes enamorados, hay otros ritmos persistentes que agreden el oído en habitaciones de hospital, porque son de corazones ya gastados, ahí, en el final, cuando todo está decidido; aunque insultante la calle sigue bullendo de sueños, ilusiones e intensidad; ajenos los viandantes a los dramas gestados en cuartos asépticos. Todo está mucho más cercano de lo que imaginamos. Fluye el tiempo en el reloj de pared, sonoro tic-tac quebrador del silencio y la oscuridad de los hogares vacíos, abandonados por sus habitantes aún a su pesar, rumbo a esperanzas hospitalarias, cuando la vida ya no es tan nuestra y late en las manos de otros. Siguen habitando en su paz los amantes del parque aprovechando el sol de primavera. Ha sus oídos llega el persistente ritmo del redoble de un tambor, seco, expeditivo, dando paso a ...

EL ÚLTIMO ALIENTO (EN LA NOCHE - XI)

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    A cualquier hora, en cualquier lugar, inesperadamente, con sutileza, tal vez con brusquedad, bajo la noche sin luna, cuando el sol esté brillando, al abrigo del lecho, en el bullicio de la urbe, frente al mar de los sueños, descendiendo las cumbres del desencanto, ascendiendo por senderos mágicos; de un modo u otro, llegará. Posará su firme y huesuda mano sobre mí y, al hacerlo, todo lo vivido se disipará envuelto en la bruma del último ocaso. Quedarán mis escritos hieráticos y mudos sobre los anaqueles, solemnes los pentagramas con mi música guardarán respetuoso silencio. Y libros a medio leer esperarán en vano mi mano ansiosa sobre sus páginas. Encapuchada con su negro sayal invadirá mi yo sin compasión. El filo de su guadaña brillará amenazante disuadiendo de cualquier esperanza. Y la clepsidra que contaba mis días quedará sin el líquido elemento. Todo lo que creí mío se dispersará en otras manos, otros ojos, otros sueños; o simplemente sufrirá mi ausencia involuntari...

LA MUERTE Y LA VIDA (LO QUE EL ARTE ME HA DADO - I)

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    Todo concepto se nutre de su antagónico. Así, indisolublemente enraizada en la Existencia se halla la No Existencia. Frente al Ser está la Nada. Pero no pretenden estas líneas abundar en lo que ya otros pensadores dijeron en sus escritos y explicaron, con mayor o menor acierto, sobre los conceptos de vida y muerte. Me interesa más enfocar la idea de saber que vamos a vivir o morir como potenciador de la creatividad. Creo que sólo así se explica la grandeza del arte. El ser humano, acuciado por el paso inexorable del tiempo ha ideado todo un abanico de manifestaciones artísticas con la única finalidad, de un modo consciente en ocasiones e inconsciente en otras, de perpetuar su esencia más profunda. Tal vez esa sea la gran magia y el porqué de las innumerables sensaciones y pensamientos que las obras de arte generan en la gente. Desde el punto de vista del creador dar vida a unos versos, una historia, una música o una pintura, no deja de ser un vano intento de jugar a ser ...

SIN MIEDO (REFLEXIONES DE UN POETA EN LA SOMBRA - XVI)

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    Un día llegará. No lo dudo. Sin llamar. Como una leve brisa en frío invierno. Subirá por la escalera que lleva hasta mis sueños, y quebrará el último peldaño que he pisado. Entonces, con la serenidad que da el haber vivido, miraré tranquilo a sus vacías y oscuras cuencas que me reclamarán para su abismo. Un día llegará con esa risa amplia asomando entre sombras. Y mientras cruzo en ancho mar que separa la vida de lo desconocido, miraré desde la barca la estela dejada en las aguas donde flotaran los recuerdos más queridos. Entonces, sonreiré pleno de libertad porque he vivido. FOTO DE JULIO MARIÑAS

UNA VIDA DE CINE (HOMEJANE AL CINE II)

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    Podíamos pasar una noche en Casablanca o un día en las carreras. ¿Recuerdas París en el mes de agosto? En aquel tiempo, para nosotros, siempre brillaba la buena estrella. Sin embargo, ahora tenemos que conformarnos con que amanece, que no es poco. Era tu príncipe de las mareas y, después de una noche en la ópera, explorábamos los horizontes lejanos. La gente pensaba “Tienen el mundo en sus manos”. Nosotros pensábamos “De aquí a la eternidad”. Hoy, tan solo soy el nadador que surco cansado los mares, pruebo el arroz amargo del olvido y, todo aquello, recuerda, se ha evaporado como luz que agoniza. Al menos supimos ser felices con la muerte en los talones. Hoy, mejor aspirar a un epílogo hermoso. Tal vez una muerte en Venecia. FOTO DE JULIO MARIÑAS

LA MUERTE, ETÉREO CONCEPTO DE RAICES IGNOTAS

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     Un suspiro profundo, tenso en su inspiración, relajado en su espiración final. Después, la nada. Todo es silencio alrededor. Sólo un cuerpo inerte ha quedado de nuestra existencia, de nuestros sueños, nuestras ilusiones, nuestras esperanzas. En la infancia, como algo ajeno a nosotros, lejano, van cayendo los primeros familiares cercanos, más jóvenes, más viejos. Pero nosotros estamos en otro mundo. Cuando comienza a existir la muerte como sino implacable que dominará el resto de nuestra vida, todo cambia y la niñez se torna menos liviana. Después, con la juventud, creemos poseer invulnerabilidad. Las locas y apasionadas horas de una época que emana vida por todos los poros de la piel. Sólo cuando los que nos dieron la existencia desaparecen, asimilamos que la muerte nos acecha. En realidad lo ha hecho siempre, desde el primer instante en que respiramos. Amigos cercanos de nuestra edad caen abatidos por el azar del destino, y un nuevo capítulo se abre en la forma...

LA MUERTE BELLA

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 Dibujo Julio Mariñas  Murió, nadie la lloró, su cuerpo incorrupto cubria la tierra; se llamaba libertad y era un héroe anónimo.

FRANÇOIS TRUFFAUT – LOS DULCES SUEÑOS Y LA CRUDA REALIDAD (PARTE I)

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    Con motivo de mi próximo viaje a París, he vuelto a ver la filmografía de François Truffaut. Como siempre, encuentro en este cine, tan francés y al mismo tiempo tan universal, toda la sencilla maestría de uno de los grandes directores de la historia de séptimo arte. El “enfant terrible” de una generación de apasionados por el cine que, a pesar de su carácter rebelde y contestario, lo acogió con los brazos abiertos. Godard, Rohmer y otros muchos, entre los que destacaría André Bazin, fueron de gran ayuda al muchacho de infancia complicada que había sido François Truffaut; salvado de una vida gris, gracias a su pasión por la literatura y el cine, por su incansable ansia de aprender y conocer todo lo relacionado con el celuloide. En sus películas, detrás de una aparente sencillez, supo combinar el romanticismo y la cruda realidad, la autobiografía y los sueños, el amor y la muerte, la infancia y la madurez, la pasión y el desamor. Lo hizo tan magistralmente, que su c...