Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como dolor

EN LA NOCHE CERRADA

Imagen
    Fue en la noche cerrada, herido gravemente, ensangrentado, bajé a la playa y, arrodillado en las aguas, arropado por la oscuridad nocturna, lave mis heridas, alivié mi cuerpo lacerado. Todo era silencio entonces. Vacío asfixiante de ausencias e incertidumbre. Tal vez lejos, alrededor de mis angustias, latía una civilización festiva plena de esperanzas. Mientras yo, transido de dolor y desencanto, sentía el frío de las aguas en mi castigada piel. Fue en la noche cerrada, en otro tiempo que hoy se antoja extraño y huidizo. Pero existió. La playa aún sigue ahí. Los veraneantes la frecuentan, ajenos a los hechos que sucedieron aquella noche de novilunio. Aún recuerdo esa sensación áspera de la arena hiriendo mis rodillas, la espuma del mar sobre mi pecho. Fue en la noche cerrada. Aquella que el alma reconoce como su más fiel testimonio de revelación sentida.

CARTA A LOS OLVIDADOS

Imagen
    Un impulso inexplicable me lleva a escribir estas líneas. Unas letras que no llegarán a la mayoría de vosotros, a los que van destinadas. Pero el corazón no es racional, por suerte o por desgracia. Sólo quiero deciros que existe otro reloj que marca el tiempo y sus misterios. Ese reloj es ajeno al dolor, al fracaso, al abandono, al desprecio. Late en vuestro interior con regularidad impecable. Escucharlo es un ejercicio de sensatez. Así, se hará el silencio a nuestro alrededor, y dejaremos de escuchar la vil charlatanería de los entendidos en tantas materias banales para la verdadera esencia de la vida.

UNA MUJER

Imagen
    A la orilla de un río que desciende caudaloso, rápidos espumosos sobre rocas dormidas; una mujer llora. El mundo es tan injusto y condescendiente a la par. Sí; insultantemente condescendiente. Y el llanto de la mujer cae en amargas lágrimas al río que pasa sin detenerse ante su soledad. El destino tienen tonos ambiguos que acaban volviéndose grises y funestos. Estoy aquí, en la otra orilla. Observo a la mujer en su dolor, transida de tristeza y desencanto. Yo también soy culpable de esa pena. ¿Por qué no? ¿Acaso no intentar curar la herida no es parte de la culpa? Todos somos culpables de ese llanto que el torrente arrastra hacia el mar, ensuciando las saladas aguas de un mundo falso y sin conciencia.

ENTRE LA LUZ Y LA SOMBRA DE LOS DÍAS - CAPÍTULO V - LAS HORAS QUIETAS

Imagen
    Tic, tac, tic, tac. El péndulo inflexible oscila protegido por la caja del reloj de pie. “Hace tiempo que debería haberme desecho de ese artefacto”. Piensa en la oscuridad del cuarto, aún vestido sobre la cama sin deshacer. La nocturnidad siempre ha sido cobijo de la reflexión. Una caverna dio a Platón muchas de las claves de su filosofía. ¿Es la oscuridad el hábitat natural del hombre pensante? Probablemente fue al abrigo de las cuevas donde el homo primitivo, alrededor del fuego, comenzó a hacer volar la imaginación y reflexionar sobre lo divino y lo humano. Manchas negras y ocres en perdidos rincones de olvidadas grutas; uros y otros animales plasmados por nuestros ancestros para exorcizar sus fantasmas, para propiciar la caza. Pensamiento en el futuro. Inicio de la conformación de un pensamiento dependiente del porvenir, tendente al olvido del presente, nostálgico del pasado. Siempre ha dormido muy poco. Sus pensamientos se debaten implacables entre la razón más...

EL POETA HA MUERTO

Imagen
El poeta ha muerto. Ahora es un nombre sin cuerpo, un alma sin ojos, un dolor sin voz. Baila en lo eterno, sobre sus huesos, sobre los huesos de tantos mortales. Aún sangran sus manos; y sus versos ensangrentados se lavan en cuidadas ediciones póstumas. POEMA DE JULIO MARIÑAS Del libro recopilatorio “EL OLVIDO” Obra inscrita en el Registro de la Propiedad Intelectual

SIENTO EL DOLOR

Imagen
    Siento el dolor. Está cerca, muy cerca, demasiado cerca. Este triste inicio de siglo XXI que me ha tocado vivir, está confirmando mis sospechas de la naturaleza cruel del ser humano. Porque la naturaleza es cruel en su ciclo de vida y muerte; pero el homo sapiens tuvo una oportunidad –no me importa si otorgada como dicen unos o por méritos propios como dicen otros-; tuvo la oportunidad de racionalizar su agresividad, su impulso salvaje; y crear una tierra semejante a ese Paraíso Perdido tan soñado. Pero no lo hizo. Malgastó su mayor capacidad craneal y, a cambio de esporádicos períodos de serenidad donde no había cabida para lo salvaje, escribió la historia con sangre de sus semejantes. Aprendió a reír, pero, a día de hoy, una gran mayoría de personas sólo saben reír y se felices a costa del llanto y la infelicidad de los demás. El ser humano se jacta de dominar el fuego, pero quema los montes; se vanagloria de inventar la rueda, pero mata a sus semejantes en el asfalto...