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CONVERSACIONES CON SENIA

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-¿Bajan turbias las aguas del río? -Si, Julio. Demasiado turbias, diría yo. -Apenas quedan hojas de otoño en los parques. Dicen que está a punto de llegar la primavera; pero el humus que han formado los cadáveres de esas hojas otoñales, pronostican una primavera incierta.  -Es posible, Julio. Pero ¿hay algo cierto en la vida? -En eso tienes razón. De incertidumbre en incertidumbre han ido pasando los años, como las aguas de este río. -El tiempo no tiene escrúpulos, y los hombres no tiene tiempo. Aunque algunos crean ser dueños de él. -Si. Es cierto. Tic, tac, tic, tac. Me parece que aún está sonando aquel reloj que marcaba las horas en el viejo cuarto. -¿Qué cuarto, Julio? -Tienes razón. Ya no existe. Hay tantas cosas que ya no existen. -Las cosas existen en nuestra mente y poco más. -Eres demasiado tajante, Senia. -Esas hojas de otoño que antes has mencionado, de las que ya no queda nada; siguen viviendo en tu mente. -¿Y los otros? -¿Qué otros, Julio? ...

LA OTRA CARA DEL SER HUMANO

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Disparidad de formas, de conceptos, de versos inconclusos. ¿Hasta cuando la eterna mentira globalmente aceptada? ¿Hasta cuando los inertes cuerpos inocentes entre los escombros de la ambición humana? ¿Por qué rebaños de humanos siguen a pastores que predican bienestar por encima del tú, del yo, del nosotros? Observo mi rostro en el espejo de las horas vividas, y me devuelve una imagen siniestra, desconocida. Kafkiano producto que pugna por salir de mi interior, ante una sociedad que se abraza en su torre de oro fabricada por millones de cadáveres, millones de almas que nunca llegarán a crecer para poder saber de conceptos, ni del bien ni del mal. Consciente de esta imagen feroz que me habita, suspiro aliviado porque aún no han podido arrancarme la pasión por sentir, la pasión por pensar en un mundo donde habiten mujeres y hombres libres. Seres humanos que sólo piensen en la belleza del sutil canto que susurran las estrellas.

LAS SOMBRAS

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    Apenas dibujadas sobre el suelo, la pared de un muro, los caminos polvorientos; ya se han desvanecido. Tal vez por eso les damos tan poca importancia. Son un negativo de nuestra imagen, como la cara oculta de una misteriosa luna. Las sombras aparecen y desaparecen por arte de magia. La mayoría de las veces, transcurre la jornada sin que nos hayamos parado a contemplar nuestra sombra. Surge de los pies y, sinuosa, no conoce más obstáculos que la carencia de luz para vivir. En un continuo surgir y desvanecerse, hace lo posible por asomar a la luz de las farolas que iluminan las noches solitarias. A pesar de que pueda parecer que no está, siempre late en la pared que amarillea en la penumbra del solitario cuarto. Procuro observarla como negativo de lo más puro que hay en mí. Un negativo que sólo yo o quien yo estime necesario podrá revelar. Porque son tiempos de espesas nieblas proclives a ocultar el sol. Así, un ejército de sombras asola nuestras vidas, pugna por asaltar ...