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Mostrando las entradas etiquetadas como ciudad

LA JUSTICIA DEL HOMBRE LOBO - LEYENDAS URBANAS DEL SIGLO XXI (I) - Ensayo-relato

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    En apariencia es un individuo normal. Tal vez algo reservado. Pero nada hace presagiar en él un instinto animal que late en sus entrañas y pugna por salir cuando la luna llena decora la noche. Entonces, imprevisible, ve transformarse su cuerpo y brotar la bestia que subyace en el rincón más atávico de su “Yo”. Hirsuto, ágil, ropas desgarradas, dientes afilados; recorre los bosques apareciendo y desapareciendo entre la maleza. Es el Hombre Lobo que tanto terror causó en otros tiempos en los poblados de humildes gentes. Ahora ha llegado nuevamente a la ciudad y se ha especializado en un tipo de víctimas determinado. A grandes rasgos se puede decir que son aquellos que viven bien a costa de haber arruinado la vida de muchos humildes ciudadanos. El abanico es amplio. El Lobisome transita las calles en las noches de plenilunio con un olfato especial para percibir humanos ambiciosos, soberbios, vanidosos, prepotentes y mezquinos. No podrán detenerlo si son atacados, porque las...

CONVERSACIONES CON SENIA (IV) - HORAS MUERTAS

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    -Todo día tiene fragmentos de tiempo que son propicios para la soledad. ¿No crees, Senia?     -No sé muy bien a qué te refieres.     -Solía llamarles Horas Muertas. Aunque, en realidad, no son horas. Dependiendo del lugar, la época del año y otros muchos factores, pueden ser segundos, minutos…     -Así que, fragmentos de tiempo propicios para la soledad. Cuando escucho, Horas Muertas, me suena a momentos vacíos, sin intensidad, decadentes.     -Podría ser, Senia. Pero no me refiero la acepción habitual del término. Sino a esos instantes que dejan al ser humano por unos momentos sólo, e incluso indefenso. Imagínate, en una ciudad de clima mediterráneo en verano, el tiempo que va desde que la mayoría de la gente se retira a sus casas o a los restaurantes para comer, hasta que las calles se empiezan a llenar de nuevo porque vuelven a sus trabajos o simplemente a pasear. ¿Nunca has tenido esa sensación? ...

CUANDO EL DÍA COMIENZA A DECLINAR - ESPEJOS

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    Cuando el día comienza a declinar y la arena de la playa es un mosaico de indescifrables pisadas, anónimos rastros, huellas sin pretensiones de nada más que andar bajo un cielo que siempre acaba por volver a derramar su azul después de jornadas desasosegante y grises; vuelvo a contemplar el mar. Ese gigante que sigue albergando el misterioso llanto de las sirenas que embriagan con sus ecos de antiguas ilusiones. Y no existe pintor que pueda igualar la gama de tonalidades que el cielo viste sobre la Ría de Vigo. A escasos metros de una ciudad que ha crecido deforme y pugna por reventar -como toda metrópolis bien educada del siglo XXI- se puede contemplar la quietud, el leve arrullo del mar y un horizonte que no tiene edad.     La civilización de la comunicación. Hablan tanto. Y pensar que nunca les he creído. Si supieran que diminutos los veo en sus tronos de poder efímero. Son las hojas podridas de un otoño que se pierde en la noche de los tiempos. Desd...

UN CUENTO DE BUENOS Y MALOS

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            Es madrugada. Los noctámbulos hablamos con el silencio que siempre invita a meditar y dice cosas muy interesantes. Ahora me está contando un cuento muy divertido, de no ser por lo triste de su fondo. Ocurrió en un lugar próspero donde las gentes vivían felices porque apenas si había hombres armados asaltadores de bancos. Tan felices eran, que no se percataron que, en las mismas entrañas de sus ciudades, existían ladrones sigilosos, sin armas de fuego intimidatorias. La violencia no hacía acto de presencia y los ciudadanos vivían su felicidad ficticia. Pero algo estaba minando los cimientos de un bienestar que parecía no peligrar en absoluto. Los forajidos del siglo XXI, no llevaban barba de una semana, ni invadían las calles con monturas espumeantes. Eran los profesionales de la hipocresía, la falsedad y poseedores de una falta de escrúpulos nunca vista. Por obtener el botín pasaron por encima de los cadávere...

ARDIÓ LA CIUDAD

Y ardió la ciudad para nacer de nuevo un sol que despejase las brumas, y de sus cenizas surgió la negra noche de eterna luna llena. Ardió la ciudad y con ella, el hambre y la miseria, la necesidad de riqueza y la materia, el odio y la opresión, lo banal y lo culpable. Ardió porque era un avispero de inmundicias, una cueva de ladrones, un becerro de cemento y asfalto. Y al final sólo quedó lo creado.   inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual.