Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como abismo

AL BORDE DEL ABISMO

Imagen
     Tenebroso abismo bajo los pies del caminante. Sima ignota de negrura y desconsuelo. Contempla el cielo donde habitan las aves de Lautréamont, Baudelaire y Rimbaud; ocaso descarnado de hiel y fuego espeso. Parado al borde del abismo, el caminante habla a sus sueños. Siempre hay un ángulo oscuro en el alma y sus misterios. Parajes solitarios y yermos donde Poe habla a sus atávicos fantasmas y Kafka desgrana la savia del monstruo que alberga la conciencia; ente lovecraftiano, inusual destello del delirio. El caminante eleva su vista más allá, buscando un horizonte quimérico, libre de dolor y desencanto. Allí, en los mares dorados donde Ulises aún busca aguas plácidas para atenuar su temor y sus deseos. El caminante descansa al borde del abismo, mientras todo el pasado huye y se despeña ante sus ojos; como una redención inesperada; mientras aún hay estrellas brillando en la inmensidad del firmamento.    

VARIACIONES SOBRE UN TEMA - EL PERDÓN - VARIACIÓN Nº 1

Imagen
     Te perdono el haber llenado mi mundo de poesía profunda y melancólica.     Te perdono el haber quemado mis noches con el fuego abrasador de tus pasiones.      Te perdono el haber arrancado las páginas más intensas del libro de mi vida.      Te perdono el haber vertido la copa que contenía el néctar salvaje de los bosques profundos.      Te perdono esa última mirada entre las sombras propiciadas por la tenue luz de las farolas en el viejo malecón batido por las olas y azotado por el viento.      Todo te lo perdono. Aunque no soy nadie para perdonar.     Ni tan siquiera la sombra de aquel que vivió contigo las horas suspendidas en el abismo luminoso de la juventud perdida. FOTO DE JULIO MARIÑAS

EN LA NOCHE - V - POR AMOR

Imagen
    En la noche, ante un silencio opresor y descarnado, observo reflejadas en la pared las difusas sombras de los dos cuando aún éramos. Amar es un verbo que nadie sabe conjugar correctamente; porque en realidad no tiene tiempo, ni espacio, ni siquiera dimensión. Porque es mucho más y muchos menos que un simple verbo. ¿Dónde aprendemos a amar? En una escuela sin pupitres, en una clase sin profesor ni compañeros, desierta, vacía de referencias donde poder asirse y reflexionar. Por amor hemos vertido lágrimas que jamás han llegado a tocar el suelo. Por amor inventamos la quimera del tú y el yo en una eternidad creada a nuestra medida. Por amor, aún siguen temblando en la pared las siluetas de lo que fuimos un día; en el tiempo de caminar los senderos que sólo se muestran a los amantes, y que siempre terminan allí, en un mar tempestuoso, vertiginoso abismo de lo frágil y lo imposiblemente bello. FOTO DE JULIO MARIÑAS

EL REGRESO (REFLEXIONES DE UN POETA EN LA SOMBRA - XVII)

Imagen
      Regresó del abismo. Del lugar donde la negrura tiene su reino y el silencio señorea el espacio. Lo hizo cansado por años de caída libre en los que intentó agarrarse a las lisas paredes del desencanto. Volvió con la barba entrecana y cansado por el tiempo de incertidumbre y angustia. Regresó del abismo y buscó la luz en un mundo oscuro, la comprensión en un mundo sordo, el amor en un mundo de vanidad y mediocres. Regresó del abismo, y jamás se perdonó el haberlo conseguido. FOTO DE JULIO MARIÑAS

TUMBA PARA UN DESCONOCIDO (Fragmento) Relato del libro “Entregados al amor y al abismo”)

Imagen
Desde su cama veía el sol morir entre las verdes y desgastadas montañas, al tiempo que escuchaba los pasos de su madre bajando por la escalera. El horizonte perdió pronto su color rojizo, tornándose cada vez más violáceo. Laura se dormía siempre contemplando el maravilloso espectáculo que suponía la muerte del día en los calurosos veranos del pequeño pueblo. Antes de eso, en numerosas ocasiones, las blancas nubes dibujaban caprichosas formas en el azul celeste. Al contrario de otros niños de su edad, Laura no veía en ellas monstruos fantásticos o princesas encantadas, sino que perfilaba el rostro y la figura de sus seres queridos muertos. Siempre los mayores se lo habían dicho: “Cuando los buenos mueren van al cielo”; por eso, ella esperaba ansiosa el ver en aquellas nubes el rostro de su abuelo que falleciera cuando ella tenía tres años, o el de su padre muerto en una guerra antes de su nacimiento. Obra inscrita en el Registro de la Propiedad Intelectual