AL FINAL
Todos mis recuerdos se perderán. Se perderá el crepitar del fuego en la noche de invierno y ese calor de cuerpos encontrados. Ya no volveré a observar la gota de rocío asomada al abismo en el borde del pétalo de una roja flor del estío. Y partiré dejando atrás el equipaje de las esperanzas rotas y los sueños no cumplidos. Con la desnudez de un cuerpo castigado abandonado por la juventud, con la mirada aún fija en el amor y la ternura. Oiré el suave canto de las aves de aquellos amaneceres de esplendor y anhelos, lejana música en el ocaso de la vida. Nada me retendrá a esta tierra que fue mi casa y mi cobijo. Sé que tendré que atravesar el páramo de los solitarios cipreses, hieráticos centinelas de retorcidas copas. El hombre cree tener miedo a la muerte; pero en realidad sólo tiene miedo al olvido. Terror atávico ese de atravesar el Leteo para nunca más recordar, ni ser recordado. Después de haber sido por un breve instante que es la vida, ya no ser nunca más para ...