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Mostrando las entradas etiquetadas como otoño

PRESENTIR EL OTOÑO (REFLEXIONES DE UN POETA EN LA SOMBRA - XXXV)

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    Desde el balcón observo una luna que pugna por crecer. Y viajo con mi mente al tiempo de otros ocasos veraniegos. Como aquel en que llegó el primer adiós. Lo hizo con esa indiferencia propia de los que saben de la finitud y otros desvaríos. La playa, vergel de húmedos besos y bronceadas pieles encontradas, tornó la percepción que hasta entonces teníamos de ella, para convertirse en arenal desértico y áspero. De eso hace muchos veranos. Tantos, que ya apenas recuerdo con nitidez tu inquieta mirada de sirena varada entre las rocas cuando te encontré desorientada, pero tierna y seductora. La vida del hombre tiene la cruel costumbre de ir desvaneciendo y espesando en la niebla de la memoria hasta las cosas más hermosas. Lo vivido se va alojando en recónditos lugares de nuestro pensamiento como un poso silente, para emerger en noches como esta bajo el amparo de una creciente luna enigmática, centinela de un planeta tierra alocado y ajeno al encanto de un firmamento ignoto. Es...

RELATOS ROTOS - IV - EL DESCONOCIDO

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    Llegó una fría mañana de otoño quebrando con su paso lento y cansado algunas de las hojas secas del camino. Las gentes lo miraban extrañadas y hacían el silencio a su paso. Entró en el bar de Natalia con gesto inexpresivo y la boca entreabierta -apenas perceptible a causa de la poblada barba- por un cansancio acumulado durante años.     -¿Qué va a tomar?     -No tengo dinero –su voz sonó hueca y rasgada, susurrante.     -Pues empezamos bien.     -Yo te pago lo que tome –dijo un anciano enjuto sin levantar la vista del vaso de vino; como si en el rojo líquido residiera el misterio de la vida aún sin resolver.     - Estás muy generoso hoy, Anselmo.     Ya has oído, forastero.     -Un bocadillo de lo que sea y un café con leche bien caliente.     -¿Queso?     -Queso está bien.     Aunque la primera impresió...

EL ÚLTIMO ALIENTO (EN LA NOCHE - XI)

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    A cualquier hora, en cualquier lugar, inesperadamente, con sutileza, tal vez con brusquedad, bajo la noche sin luna, cuando el sol esté brillando, al abrigo del lecho, en el bullicio de la urbe, frente al mar de los sueños, descendiendo las cumbres del desencanto, ascendiendo por senderos mágicos; de un modo u otro, llegará. Posará su firme y huesuda mano sobre mí y, al hacerlo, todo lo vivido se disipará envuelto en la bruma del último ocaso. Quedarán mis escritos hieráticos y mudos sobre los anaqueles, solemnes los pentagramas con mi música guardarán respetuoso silencio. Y libros a medio leer esperarán en vano mi mano ansiosa sobre sus páginas. Encapuchada con su negro sayal invadirá mi yo sin compasión. El filo de su guadaña brillará amenazante disuadiendo de cualquier esperanza. Y la clepsidra que contaba mis días quedará sin el líquido elemento. Todo lo que creí mío se dispersará en otras manos, otros ojos, otros sueños; o simplemente sufrirá mi ausencia involuntari...

EN LA NOCHE - IX - HE VISTO - ESTACIONES

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    He visto la mueca cruel del desencanto vagar sin rumbo entre las gentes. La primavera brota ajena a nuestro invierno. Hay hombres siempre vestidos de domingo, cuando la gente honrada vive en lunes. En la olvidada esquina llora su pena la esperanza. Y en las ciudades el estruendo del tráfico ahoga el clamor de los que sufren. Hay muchos humanos que viven un otoño permanente, mientras unos pocos construyen su verano. Y nosotros seguimos ideando nuestra fábula, nacida cuando éramos más tiernos, salvajes e inconscientes. Tengo un sabor amargo en cada línea que escribo, porque el mundo cierra hirientes guerras sobre la estela ardiente de los sueños. FOTO DE JULIO MARIÑAS

CONVERSACIONES CON SENIA - IX

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    -Hola, Senia.     -Hola, Julio.     -Ha llegado el otoño.     -Te veo triste.     -Tal vez. No más triste que en otra estación cualquiera.     -Eres un poeta.     -¿Y…?     -Los poetas son gente triste.     -¿Tú crees eso, Senia?     -No, no lo creo. Pero mucha gente lo piensa.     -Piensa que estamos paseando el otoño, pisando sus hojas secas y lamentándonos de nuestros desamores.    -¿No lo crees, Julio?    -La gente ya no piensa ni escucha a los poetas, Senia. Esa es la triste realidad.    -Es una pena, Julio. Parece ser que fue un poeta ciego quien escribió las dos obras que más han influido sobre la literatura universal. El periplo de la Odisea y la épica Ilíada. Fue un poeta, Dante Aliguieri, el que en su época dio un lugar a cada uno en el Paraíso, Purgator...

CONVERSACIONES CON SENIA

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-¿Bajan turbias las aguas del río? -Si, Julio. Demasiado turbias, diría yo. -Apenas quedan hojas de otoño en los parques. Dicen que está a punto de llegar la primavera; pero el humus que han formado los cadáveres de esas hojas otoñales, pronostican una primavera incierta.  -Es posible, Julio. Pero ¿hay algo cierto en la vida? -En eso tienes razón. De incertidumbre en incertidumbre han ido pasando los años, como las aguas de este río. -El tiempo no tiene escrúpulos, y los hombres no tiene tiempo. Aunque algunos crean ser dueños de él. -Si. Es cierto. Tic, tac, tic, tac. Me parece que aún está sonando aquel reloj que marcaba las horas en el viejo cuarto. -¿Qué cuarto, Julio? -Tienes razón. Ya no existe. Hay tantas cosas que ya no existen. -Las cosas existen en nuestra mente y poco más. -Eres demasiado tajante, Senia. -Esas hojas de otoño que antes has mencionado, de las que ya no queda nada; siguen viviendo en tu mente. -¿Y los otros? -¿Qué otros, Julio? ...

CUANDO EL DÍA COMIENZA A DECLINAR - ESPEJOS

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    Cuando el día comienza a declinar y la arena de la playa es un mosaico de indescifrables pisadas, anónimos rastros, huellas sin pretensiones de nada más que andar bajo un cielo que siempre acaba por volver a derramar su azul después de jornadas desasosegante y grises; vuelvo a contemplar el mar. Ese gigante que sigue albergando el misterioso llanto de las sirenas que embriagan con sus ecos de antiguas ilusiones. Y no existe pintor que pueda igualar la gama de tonalidades que el cielo viste sobre la Ría de Vigo. A escasos metros de una ciudad que ha crecido deforme y pugna por reventar -como toda metrópolis bien educada del siglo XXI- se puede contemplar la quietud, el leve arrullo del mar y un horizonte que no tiene edad.     La civilización de la comunicación. Hablan tanto. Y pensar que nunca les he creído. Si supieran que diminutos los veo en sus tronos de poder efímero. Son las hojas podridas de un otoño que se pierde en la noche de los tiempos. Desd...