LA PUERTA ABIERTA
Por favor, cierren la puerta. Hace mucho frío. Demasiado frío. Ese que hiela el tiempo y sus relojes. Donde mece la vanidad su trono de vilezas y necedades. Estoy aquí, en el ángulo oscuro, donde nadie quiere mirar para no ver la execrable faz de una humanidad sin sueños. Todo lo han globalizado. Existen embajadas, ministerios, partidos políticos, asociaciones, grupos diversos. Pero sería bueno dedicar todos los esfuerzos a la producción de sueños colectivos. Es un proyecto que no cuesta dinero. Tal vez por eso no interesa llevarlo a cabo. Porque el material de los sueños es intangible, el soporte que los cobija es tan solo una mente dispuesta a volar sobre las primaveras presentidas y, claro, con eso no se puede comerciar. Es poco rentable. Es en la mente donde radica el verdadero poder. Ni las armas, ni los dictados de los que manejan los hilos materiales, tienen nada que hacer contra eso. Sólo hay que armarse de valor; levantarse, cerrar la puerta por la que entr...