CUANDO EL DÍA COMIENZA A DECLINAR - ESPEJOS
Cuando el día comienza a declinar y la arena de la playa es un mosaico de indescifrables pisadas, anónimos rastros, huellas sin pretensiones de nada más que andar bajo un cielo que siempre acaba por volver a derramar su azul después de jornadas desasosegante y grises; vuelvo a contemplar el mar. Ese gigante que sigue albergando el misterioso llanto de las sirenas que embriagan con sus ecos de antiguas ilusiones. Y no existe pintor que pueda igualar la gama de tonalidades que el cielo viste sobre la Ría de Vigo. A escasos metros de una ciudad que ha crecido deforme y pugna por reventar -como toda metrópolis bien educada del siglo XXI- se puede contemplar la quietud, el leve arrullo del mar y un horizonte que no tiene edad. La civilización de la comunicación. Hablan tanto. Y pensar que nunca les he creído. Si supieran que diminutos los veo en sus tronos de poder efímero. Son las hojas podridas de un otoño que se pierde en la noche de los tiempos. Desd...