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RELATOS ROTOS - IV - EL DESCONOCIDO

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    Llegó una fría mañana de otoño quebrando con su paso lento y cansado algunas de las hojas secas del camino. Las gentes lo miraban extrañadas y hacían el silencio a su paso. Entró en el bar de Natalia con gesto inexpresivo y la boca entreabierta -apenas perceptible a causa de la poblada barba- por un cansancio acumulado durante años.     -¿Qué va a tomar?     -No tengo dinero –su voz sonó hueca y rasgada, susurrante.     -Pues empezamos bien.     -Yo te pago lo que tome –dijo un anciano enjuto sin levantar la vista del vaso de vino; como si en el rojo líquido residiera el misterio de la vida aún sin resolver.     - Estás muy generoso hoy, Anselmo.     Ya has oído, forastero.     -Un bocadillo de lo que sea y un café con leche bien caliente.     -¿Queso?     -Queso está bien.     Aunque la primera impresió...

VARIACIONES SOBRE UN TEMA - EL DESAMOR - LAS NOCHES EN VELA - VARIACIÓN Nº 2

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    Te soñé cuando apenas eras para mí una vaga imagen entre las gentes. Hace tan pequeño el amor a los que vence y envuelve en su telaraña de “te quieros” y desvaríos. Los habitantes de las noches más negras, criaturas sin rostro ni identidad concreta, alumbraban con sus cirios la ceremonia de amor para los jóvenes amantes que éramos entonces. Y tú cobriza piel tenía el sabor de esa fruta prohibida que no he vuelto a encontrar en ningún huerto ni bosque. DIBUJO DE JULIO MARIÑAS

CONVERSACIONES CON SENIA (III)

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     -Hola, Senia.     -Hola, Julio. ¿Qué tal hoy?      -Bien ¿Y tú?     -Bien.     -En la otra orilla del río hay árboles que se han quedado sin sombra. He visto como los movía el viento, y ni rastro de mancha en el suelo donde han echado raíces, a pesar del sol que lucía.     -¿Y eso te inquieta?     -Me provoca cierto desasosiego.     -Bueno, Julio; eso acaba pasando. Mira Pessoa, tan tranquilo, sentado a la puerta del Café A Brasileira, allí, en la bella Lisboa.     -¡Que recuerdos, Senia! ¿Sabes que yo estuve sentado junto a él?     -Lo sé. Me lo has contado.     -Entrañable Lisboa. Un eterno fado suena en cada esquina de sus calles plagadas de historia, mientras el Tajo, el Mar de la Paja, devuelve los destellos del sol, como enviando una sonrisa a la antigua ciudad curtida en mil batallas. ...

SOMOS

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    Somos ese puzzle que se nos entregó en el momento de nacer. Un día tras otro intentamos en vano reconstruirlo. Hay tanto por aprender. Pero el mayor reto al que se enfrenta el ser humano es el de conocerse. Tal vez en la mirada de otros, en la soledad de habitaciones ya perdidas, en los siniestros bosques donde habita el alma de lo que fuimos. Es posible que en las aguas que se extienden hacia el horizonte, donde viven los sueños que abandonamos sin querer. Y así, sobre las alas del tiempo, las piezas se encajan y desencajan una y otra vez, en un juego que avanza al infinito.

EL VIEJO DEL BOSQUE

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    Pintura de Julio Mariñas   El vagabundo ríe en la esquina, después de haber quemado sus millones en la pequeña hoguera que encendió para el frio.