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LA ÚLTIMA GENERACIÓN QUE PUDO FABRICAR SUS PROPIOS SUEÑOS (REFLEXIONES DE UN POETA EN LA SOMBRA - IX)

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    Los caminos eran de tierra; los cines de programa doble sesión continua; la música permitía abrazarse y sentir la mejilla de la pareja de baile, el calor, el olor, incluso los latidos del corazón; leer el libro deseado o conseguir el disco favorito era una pequeña o gran aventura que no siempre terminaba con éxito; las pandillas de chavales nos reuníamos para jugar, recorrer las calles del barrio haciendo inocentes travesuras o montando guateques en los bajos de las casas; los abuelos eran sabios que aconsejaban y transmitían sus conocimientos; los padres eran un punto de referencia en nuestra forma de ver el mundo, aunque, como todo joven que se precie, nos rebeláramos contra ellos. Se podrían llenar hojas y hojas con miles de cosas que ya no existen. Mi generación fue la última que fabricó sueños. Después, los sueños comenzaron a venir preestablecidos. Los caminos de tierra desaparecieron bajo el asfalto; los cuerpos dejaron de unirse para bailar y el aumento de d...

REFLEXIONES DE UN POETA EN LA SOMBRA - II - LA BRUMA

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     La vida tiene extraños caminos. Observo el mundo, y veo una bruma que cae sobre lo humano. Y todos somos tan políticamente correctos. Y todos somos tan políticamente incorrectos. Y todos somos tan nosotros, y tan poco los demás. Llenos de razón juzgamos el pasado, sentenciamos el ahora y presentimos el futuro. Siempre igual. Error tras error se sucede en cada línea. Tal vez también en estas que ahora escribo. Pero yo no he querido nunca enarbolar ninguna bandera, ni causa, ni cruzada; que no fuese la de los sentimientos. Porque, al final, eso es lo único que puede disipar, al menos levemente, la bruma que se cierne en este agosto ya vencido.

LA NADA

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            He vuelto a pisar los caminos. Otra vez, siluetas confusas y livianas en la memoria abatida. Mis huellas en la arena, sombras de lágrimas que ya no tienen piel para el descenso hacia lo hondo de todo lo sentido. Un golpe seco duele mucho menos que la visión de un mundo del que nada se espera. El optimismo y el pesimismo son lujos que sólo pueden permitirse las gentes fuertes y valientes. Para mi, prefiero la nada. Lugar virgen, sin mácula; médano en el planeta humano. Allí, donde aún es posible olvidar y recordar, construir mundos imaginarios que se tornan reales con un solo golpe de verso. La nada que se ofrece ante mis ojos como un lugar para seguir ejerciendo el sueño mágico de la creación. Sin otra finalidad que ser, con toda la libertad que entraña esa palabra; con todo el contenido que encierra la palabra libertad. Así va anocheciendo. La niebla se posa lentamente sobre las montañas. Para que pedir más. Después de haber vivido, segu...