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EVOCACIONES DE UN ESCRITOR SEXAGENARIO - VII – CUANDO LA MAS HONDA NEGRURA ERA LUZ

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  El hombre que soy reflexiona entre las luces y las sombras del presente.     El joven que fui se sumergía en la noche para perderse en busca de alguna luz que siempre aparecía en la negrura.     Estoy aquí, en la biblioteca, rodeado de mis libros. Muchos de ellos pertenecen a momentos precisos de mi niñez, adolescencia, juventud, madurez.     Ese joven parece tener en su mirada un rasgo de futuro. Pero mi percepción es falsa; no piensa para nada en el porvenir.     En este presente observo la fotografía. Hay un atisbo de melancolía en su mirada. Ser duro y sentimental a la vez es una empresa bastante complicada.     La vida no es fácil para nadie.     Ese joven nunca quiso ser nada. Impulsado por su saber sobre la brevedad de la vida, sólo quería escribir, componer, interpretar canciones. Pero nunca con el deseo de mostrarlo a nadie. Sólo por el placer de hacerlo y el impulso irr...

EVOCACIONES DE UN ESCRITOR SEXAGENARIO - VI – ERA TAN SOLO EL ESPEJO DEL PRESENTE

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      Un joven pleno de vida se observa en el espejo. Tan solo ve presente.     El sexagenario se observa poco en el espejo; pero, cuando lo hace, ve un presente cubierto de pasado. Cada arruga de su rostro es como un camino transitado, las canas que asoman son como los restos de historias calcinadas que en otro tiempo bullían de esplendor.     Para el joven que se observa, el espejo es diminuto y su figura parece trascender los límites de la propia imagen reflejada.     Para el sexagenario, el espejo es como un túnel del tiempo que puede atravesar con su mirada y acceder a otros momentos y lugares.     La imagen del espejo acaricia al joven, lo reafirma en su esplendor.     El sexagenario, al mirarse en el espejo, ve esos líquenes de laceraciones, esas enredaderas de historias, esas piedras de los sueños aún erguidas pero desgastadas por el paso de las horas.     El...

EVOCACIONES DE UN ESCRITOR SEXAGENARIO - V – LAS INFINITAS CARAS DE UNO MISMO

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      La bondad, la maldad; son conceptos tan ambiguos.      Creemos saber todo sobre nosotros mismos; pero, la vida, ante diferentes situaciones a las que el azar nos somete, en ciertos momentos, al igual que nos revela a nuestros semejantes, también nos descubre llegando a límites insospechados.       “No desprecies a la serpiente por no tener cuernos, quizá se reencarne en dragón”; dice un proverbio chino, que yo escuché por primera vez con siete años en la serie Kung Fu de la televisión de los setenta.     La autosuficiencia, la soberbia, el afán de alcanzar a cualquier precio objetivos sociales que proporcionen dinero y reconocimiento, siguen siendo las metas de los humanos “civilizados”. Esto ha acabado convirtiendo a muchas personas en seres irreflexivos que sólo se miran el ombligo y desprecian y avasallan a los que consideran débiles o inferiores a ellos.     Pero, la historia de la hu...

EVOCACIONES DE UN ESCRITOR SEXAGENARIO - IV – LA REBELDÍA EN TIEMPOS DE FUEGO

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      Uno luchaba contra el mundo, en una contienda perdida de antemano. Pero entonces no lo sabía. Mi lucha no era por razones políticas, ni sociales. Era una lucha interna que, en ocasiones, se exteriorizaba en rebeldía.     La fuerza, la osadía, el desprecio por la vida, marcaron una etapa.     Ante la certeza de una sola existencia como esta, es posible dentro de ella vivir diferentes “vidas”, sin perder la esencia de la propia personalidad, en los límites de los principios que uno mismo se marca, sobrepasar ciertas fronteras y rebelarse contra ese “papel” que el entorno en el cual nos movemos nos asigna, yendo más allá.     Entonces, era también un modo de rebelarme contra mi mismo, y probar hasta dónde era capaz de transgredir en el tiempo de la vida apresurada.     Suspendidas en el aire de ese tiempo, quedaron las palabras por decir, las personas sin nombre, las cosas que olvidar. Atrapadas p...

EVOCACIONES DE UN ESCRITOR SEXAGENARIO - III – RINCONES ÍNTIMOS DONDE SOÑAR

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  Habitaciones frías de techos altos, humedades y grifo en la pared. Refugios del invierno.   Habitaciones tórridas, a las que se accedía por estrechos pasillos. Silenciosos reductos, casi deshabitados.   Habitaciones pobres, que daban a patios de luces tenebrosos. El último refugio de viajeros cansados.   Habitaciones sórdidas; abrigo en noches de tormenta. Con siniestros dueños de mirada torva.   Habitaciones sin dueño; donde el susurrante eco de los suspiros ha quedado para siempre en el vacío.     ----------       Foto ©Julio Mariñas Compositor y escritor

EVOCACIONES DE UN ESCRITOR SEXAGENARIO - II – LOS AÑOS DE ESPLENDOR

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      La mirada limpia y segura, con ese brillo en los ojos que refleja el momento en el cual se ha llegado a la plenitud.     No hay más. Uno está en la cumbre. A partir de ahí comienza, lenta pero inexorablemente, el descenso.     La mirada se irá cubriendo por la sutil bruma de los días; los ojos comenzarán a perder esa intensa luz, que cada vez será más tenue, reflejando el cansancio de lo vivido; y un denso poso de experiencia bañará el rostro marcado por el transcurrir de los años.     La firme seguridad de la plena juventud era debida al vigor físico, las ansias de vivir y una cierta inconsciencia.     La serena seguridad de hoy la da el aplomo del tiempo ya vivido, la solidez del saber y una relativización de la vida.     Para ese joven de tez morena y rasgos limpios, la vida era todo lo que le rodeaba; gentes y lugares; y su parcela de soledad un rincón para soñar y descubri...

EVOCACIONES DE UN ESCRITOR SEXAGENARIO - I – AQUEL TIEMPO DE LIBERTAD SIN LÍMITES

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      Entre una fotografía y otra han pasado más de cuarenta años.     La imagen de juventud fue captada por una joven con una cámara de carrete de 35mm que permitía sacar 24 fotos. Una chica que forma parte de los recuerdos de aquellos años.     Después de una ardua lucha en los setenta, pero también por la fuerza de la inercia que experimenta una sociedad al salir de un largo período de represión, en los años 80 en España comenzamos a vivir lo que sería la mayor época de libertad de nuestro país hasta el momento. Existían buenos, malos y peores, como en todas las épocas de la historia. Pero nadie decía constantemente a los jóvenes –como había ocurrido anteriormente y ocurre hoy en día- desde los gobiernos, las instituciones y los grupos ideológicos, cómo teníamos que actuar y qué debíamos de pensar. Y si alguno de estos movimientos lo intentaba, no le hacíamos el menor caso. Los verdaderos movimientos eran espontáneos y estaban en las c...