EL SILENCIO ABSOLUTO
Ese silencio extraño que dejan los cadáveres
cuando cae sobre ellos el velo de la nada,
y en su rostro de hielo se han desvanecido
las risas y los llantos de todo lo vivido.
El silencio que asola desde la oscuridad
rotunda, seca y fría, de nuestra habitación,
cuando la noche vive y el día muere ya,
pensando en lo fue o en lo que no ha sido.
El silencio de aquellas a las que pedí amor
cuando apenas, sin rumbo, despertaba a la vida;
el de las que angustiado extendía mis manos
rogándoles que aún no dejasen de amarme.
Silencio de estaciones donde no llegan trenes,
de vía oxidadas y relojes parados;
esas que siempre están cubiertas por la niebla
y surgen de sus muros los ecos de otros tiempos.
Silencio de los muelles que sólo el mar comprende,
de escaleras cubiertas por algas y moluscos,
donde firmes noráis se erigen aún silentes
y hay barcas vencidas en tierra abandonadas.
El silencio de perros callejeros de lánguidas miradas.
El de hijos de perra enriquecidos a costa de las gentes.
El silencio de gatos callejeros de oscuros callejones.
El de los que han perdido todo y el de los que no tienen alma.
El silencio que pisan aquellos oradores de vacías palabras
llenas de odio e ira, y el de sus seguidores.
Silencio que paciente espera el día cierto
para extender su manto sobre sus quietas tumbas.
El Silencio Absoluto de una noche ya antigua
sobre mi juventud plena de fuego y mar,
que me enseñó en su esencia de universo infinito
a disfrutar la vida, aceptando la muerte.
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Foto ©Julio Mariñas
Compositor y escritor

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