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POEMAS DE JUVENTUD - Selección de poemas del libro “EL MAR, TÚ Y YO” – de Julio Mariñas – I

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Ya no sé cómo ha caído el día mientras el mar refleja nuestros sueños; en la playa, solos y tan pequeños, olvidando todo aquello que me hería. Te contemplo tan tierna y hechizante que cautivas todos mis sentimientos. Quiero hacer siempre eternos los momentos que pases junto a mí, estrella errante. Y alzarnos entre las verdes olas con las manos asidas fuertemente; olvidados del tiempo y de la gente, para escuchar cantar las caracolas. FOTO DE JULIO MARIÑAS

ESCRIBIR Y SOÑAR

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    El tiempo se tornó difuso. Eran las horas de la incertidumbre; cuando podíamos ver las aves surcando los océanos rumbo a otras latitudes. Entonces los horizontes de juventud se abrazaban y entremezclaban en atardeceres de rojos intensos en pasiones encendidas. Dueño de la noche, frente al papel en blanco, derramaba versos llenos de vida. Nunca se está tan cerca de la felicidad como cuando rememoramos los instantes en que la existencia se agarró a nuestra piel con infinita pasión. Y la pluma sigue emborronando páginas. Pero las máquinas, compañeras de tantas veladas, yacen calladas, sustituidas por el teclado del ordenador. En días como hoy las contemplo; mudas sobre la repisa. Sus cuerpos yacen descansados después de tantas páginas cumplidas. La noche tiene el rostro lleno de cicatrices cuando contemplo la luna y las estrellas. Surcos creados a golpes de palabras llenas, de frases enardecidas. Nunca deja el que escribe de soñar. En cada esquina del camino se agitan ...

A LA SOMBRA

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    Demasiada luz, exceso de oropel, bullicio donde la individualidad se diluye. Confusión de egos desmedidos, porque hay que ser más que otros. Con lo difícil que es simplemente ser uno mismo. Mejor a la sombra, entre los claroscuros que dan sentido al “yo” menos superficial. Donde sentir la suavidad del cálido verano, donde escuchar los latidos de corazón que ama. Los cuerpos se desnudan en la arena. Pero las almas siguen guardando sus secretos. Tan solo, alguna mirada ausente en el vacío de la espuma nos dice que aún hay sentimientos, que aún el mar alberga algo más que los naufragios de una tierra que en su artificial castillo de soberbia agoniza. Mi cuerpo se sumerge en las aguas y las olas lo mecen distraídas. Después, como siempre, una vez más, la arena se   escapa entre mis manos. Y regreso a la sombra del cuarto donde me esperan los mismos habitantes. Esos que llenan el silencio de todo lo que alberga la memoria.