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CUANDO LA VIDA NOS SONREÍA

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        Tenías una sombra de duda en la mirada. Tú, siempre tan ausente. Como en un extraño teatro anacrónico, cantaba bajo tu balcón embriagado por esa silueta que se recortaba en la luz que salía de la habitación. Después, lo que empezó como un onírico cuadro romántico, acabó convirtiéndose en fuego bajo noches estrelladas de estío. Huérfanos del mundo bebíamos de una fuente que se nos antojaba eterna, vivificadoras aguas de juventud sentida. Después, como esos bajeles que trazan fugaces estelas en las aguas calmas, nuestro tempestuoso amor se fue diluyendo sin quererlo ni percatarnos de ello. Hoy, cuando aquel tiempo semeja un lejano espejismo en la noche de los días, en algunas ocasiones observo la luna que callada se rebela en el cielo como un centinela sabedor de nuestra historia, y alzo mi copa para brindar por ti, por mí, por el bello atardecer de nuestros tiempos de amor y placer. Aquellos tiempos en que la vida nos sonreía .

RELATOS ROTOS - III - PARA CUANDO LLEGUE EL INVIERNO

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    Estaban sentados en aquel cuarto oscuro, tétrico a pesar de la luz de estío que entraba por la ventana iluminando parte de la habitación. ¿Has acabado los deberes? Pregunta sin dejar de calcetar. No, aún no. ¿Entonces qué haces leyendo ese libro? Es el que me regaló papá. Déjame ver. Tu padre no entiende que sólo tienes diez años. Entonces, Raúl calla. Sabe que comienza el largo parlamento de su madre. Esa señora de no más de cuarenta años con el pelo entrecanado recogido en un moño, prematuramente envejecida. Ahora luce el sol ahí fuera, Raúl. Pero no será por mucho tiempo. Siempre llega el otoño, y después el invierno; y, para cuando llegue el invierno, uno debe estar preparado. Raúl escucha con resignación las lentas y sentenciosas palabras de su madre, deseando que acabe para poder volver a la lectura. Ahí llega tu padre. Pedro, pequeño pero corpulento, entra con una sonrisa y da una palmada en la espalda de Raúl. Sin darle tiempo a saludar, Clara lo increpa con...

ENTRE LA LUZ Y SOMBRA DE LOS DÍAS - CAPITULO II - LO QUE DEJAMOS

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    -¿En qué piensas? –ella es morena, el pelo ondulado cae sobre sus hombros, sus ojos color almendra escrutan a su pareja.     -En lo que dejamos atrás –él es de complexión atlética, con el pelo ondulado cayendo por su espalda y los ojos verdes de mirada perdida.     -¿Te arrepientes?     -Sabes que no.     -Ahora hay un nuevo sueño.     -¿Cuántos sueños hay que sacrificar por él?     -Imagino que muchos.     Y la vida se oprime contra los cristales del cuarto de un viejo hotel en alguna pequeña ciudad.     Ella posa la mejilla en su hombro. Desde la ventana ven a los niños jugar en el pequeño patio, ausentes de su aventura.     -¿Tú crees que llegaremos lejos?     -Tanto como la intensidad de nuestros anhelos.     -Eres tan inteligente como bella. Si un día flaqueo, recuérdame estos ...

EN LA NOCHE - VI - CUANDO YA NO ESTÉ

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    Cuando ya no esté, quedará un crepúsculo de adioses nunca dichos reflejado en un horizonte púrpura y brillante. Sobre lo que fuimos y construimos brotarán nuevas primaveras, ajenas a mi ausencia y a los aromas de los días felices que nos acogieron en sus horas. Cuando ya no esté, volverá el crudo invierno a golpear con furia los cristales de lo que fue nuestro hogar y donde paramos el tiempo al ritmo inexplicable del tú y el yo entrelazados. Dos gotas resbalarán en la ventana, tendiendo a separarse en su recorrido; metáfora cruel que te dirá “Aquellos días felices no volverán”. Cuando ya no esté, la playa que juntos caminamos habrá corrido un invisible velo sobre nuestras huellas ya borradas. Y en los días de otoño bramará el mar rompiendo con furia nuevamente sobre la roca donde juntos soñamos nuevos horizontes. Cuando ya no esté, en las cálidas noches de estío donde el cielo se adorna con incontables estrellas, tu vista  ya cansada contemplará el firmamento q...

LA HABITACIÓN PERDIDA (Fragmento) Relato del libro “En el abismo de la realidad”

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       Era una escalera larga;   las tablas crujían en nuestra ascensión; el frío contacto del pasamanos contrastaba con el plomizo ambiente del lugar. Mi ritmo  cardíaco  aumentaba por momentos. Cuando entramos en la habitación, mi corazón comenzó a latir con mayor intensidad, hasta el punto de que, el alto techo, me hizo sentir un extraño vértigo. Tiró el bolso encima de la cama y cerró la cortina que tapaba la vieja ventana de madera blanca. Después me beso. En aquella vieja cama herida por la polilla, con la colcha oliendo a rancio, impulsado por su fogosidad, entré en aquel sexo negro y profundo. El sabor de la piel morena me hizo perder la noción del tiempo. No serían más de cinco minutos, su curtido y suave cuerpo se retorcía en mis adolescentes manos. Probablemente fui como un depredador excitado por la sangre de la cierva herida… Obra inscrita en el Registro de la Propiedad Intelectual