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Mostrando las entradas etiquetadas como verano

PRESENTIR EL OTOÑO (REFLEXIONES DE UN POETA EN LA SOMBRA - XXXV)

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    Desde el balcón observo una luna que pugna por crecer. Y viajo con mi mente al tiempo de otros ocasos veraniegos. Como aquel en que llegó el primer adiós. Lo hizo con esa indiferencia propia de los que saben de la finitud y otros desvaríos. La playa, vergel de húmedos besos y bronceadas pieles encontradas, tornó la percepción que hasta entonces teníamos de ella, para convertirse en arenal desértico y áspero. De eso hace muchos veranos. Tantos, que ya apenas recuerdo con nitidez tu inquieta mirada de sirena varada entre las rocas cuando te encontré desorientada, pero tierna y seductora. La vida del hombre tiene la cruel costumbre de ir desvaneciendo y espesando en la niebla de la memoria hasta las cosas más hermosas. Lo vivido se va alojando en recónditos lugares de nuestro pensamiento como un poso silente, para emerger en noches como esta bajo el amparo de una creciente luna enigmática, centinela de un planeta tierra alocado y ajeno al encanto de un firmamento ignoto. Es...

DE OTROS VERANOS

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    Son las doce del mediodía y regreso de la playa. Me gusta ir muy temprano, cuando la arena es una gran extensión sin manchas de veraneantes. Mientras conduzco, suena Hotel, dulce hotel de Joaquín Sabina, lo que me retrotrae más de un cuarto de siglo hacia atrás en el tiempo. Cazador furtivo intentando seducir el azar que me llevase hacia aquellas habitaciones tan anónimas, modestas en sus prestaciones, pero desde las que sí era posible ver romper las olas contra el malecón besando una nuca. Hoy, en mi memoria, esos cuartos siempre aparecen solitarios, antiguos en su poco mobiliario. Pero en aquellos tiempos eran radiantes porque la juventud lo iluminaba todo. No obstante, mientras el aire cálido que entra por la ventanilla del coche me envuelve en los recuerdos trayendo aromas de juventud, siento que soy afortunado por haber logrado no caer en la trampa de esos amores domésticos con muebles de skay y poder seguir albergando la llama del deseo. Los humanos tenemos la...

EN LA NOCHE - IX - HE VISTO - ESTACIONES

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    He visto la mueca cruel del desencanto vagar sin rumbo entre las gentes. La primavera brota ajena a nuestro invierno. Hay hombres siempre vestidos de domingo, cuando la gente honrada vive en lunes. En la olvidada esquina llora su pena la esperanza. Y en las ciudades el estruendo del tráfico ahoga el clamor de los que sufren. Hay muchos humanos que viven un otoño permanente, mientras unos pocos construyen su verano. Y nosotros seguimos ideando nuestra fábula, nacida cuando éramos más tiernos, salvajes e inconscientes. Tengo un sabor amargo en cada línea que escribo, porque el mundo cierra hirientes guerras sobre la estela ardiente de los sueños. FOTO DE JULIO MARIÑAS

CONVERSACIONES CON SENIA (IV) - HORAS MUERTAS

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    -Todo día tiene fragmentos de tiempo que son propicios para la soledad. ¿No crees, Senia?     -No sé muy bien a qué te refieres.     -Solía llamarles Horas Muertas. Aunque, en realidad, no son horas. Dependiendo del lugar, la época del año y otros muchos factores, pueden ser segundos, minutos…     -Así que, fragmentos de tiempo propicios para la soledad. Cuando escucho, Horas Muertas, me suena a momentos vacíos, sin intensidad, decadentes.     -Podría ser, Senia. Pero no me refiero la acepción habitual del término. Sino a esos instantes que dejan al ser humano por unos momentos sólo, e incluso indefenso. Imagínate, en una ciudad de clima mediterráneo en verano, el tiempo que va desde que la mayoría de la gente se retira a sus casas o a los restaurantes para comer, hasta que las calles se empiezan a llenar de nuevo porque vuelven a sus trabajos o simplemente a pasear. ¿Nunca has tenido esa sensación? ...

A LA SOMBRA

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    Demasiada luz, exceso de oropel, bullicio donde la individualidad se diluye. Confusión de egos desmedidos, porque hay que ser más que otros. Con lo difícil que es simplemente ser uno mismo. Mejor a la sombra, entre los claroscuros que dan sentido al “yo” menos superficial. Donde sentir la suavidad del cálido verano, donde escuchar los latidos de corazón que ama. Los cuerpos se desnudan en la arena. Pero las almas siguen guardando sus secretos. Tan solo, alguna mirada ausente en el vacío de la espuma nos dice que aún hay sentimientos, que aún el mar alberga algo más que los naufragios de una tierra que en su artificial castillo de soberbia agoniza. Mi cuerpo se sumerge en las aguas y las olas lo mecen distraídas. Después, como siempre, una vez más, la arena se   escapa entre mis manos. Y regreso a la sombra del cuarto donde me esperan los mismos habitantes. Esos que llenan el silencio de todo lo que alberga la memoria.