EVOCACIONES DE UN ESCRITOR SEXAGENARIO - VII – CUANDO LA MAS HONDA NEGRURA ERA LUZ
El hombre que soy reflexiona entre las luces y las sombras del presente.
El joven que fui se sumergía en la noche para perderse en busca de alguna luz que siempre aparecía en la negrura.
Estoy aquí, en la biblioteca, rodeado de mis libros. Muchos de ellos pertenecen a momentos precisos de mi niñez, adolescencia, juventud, madurez.
Ese joven parece tener en su mirada un rasgo de futuro. Pero mi percepción es falsa; no piensa para nada en el porvenir.
En este presente observo la fotografía. Hay un atisbo de melancolía en su mirada. Ser duro y sentimental a la vez es una empresa bastante complicada.
La vida no es fácil para nadie.
Ese joven nunca quiso ser nada. Impulsado por su saber sobre la brevedad de la vida, sólo quería escribir, componer, interpretar canciones. Pero nunca con el deseo de mostrarlo a nadie. Sólo por el placer de hacerlo y el impulso irrefrenable que lo habitaba. Jamás pensó en el reconocimiento, la fama, el dinero.
Y así vivió, fiel a sus deseos, sin pensar nunca en el mañana.
Ese joven y su trayectoria es la prueba irrefutable de que es posible caminar por la vida con poco dinero, sin ser reconocido y sin haber renunciado a sus principios, con dignidad y de acuerdo a tu propio criterio, y llegar a sexagenario habiendo disfrutado del camino.
Desde mi “retiro voluntario”, en mi rincón de soñar y crear, observo al joven que, a pesar de estar vestido de negro bajo la negrura de la noche, irradia una luz en sus ojos de soñador que ilumina al soñador que sigo siendo.
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Foto ©Julio Mariñas
Compositor y escritor
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