Entradas

POETAS Y PODEROSOS

Imagen
        Cuanto más sueña el hombre, más se aleja de la realidad. Porque soñar despierto es algo que, los que manejan los destinos de este planeta, aún no han logrado erradicar. Ante ello, impotentes, rotos y frustrados porque no hay ley ni sentencia que pueda frenar el vuelo de una mente pensante; han pasado al plan B. Y dicen por lo bajo, cuando nadie los oye, mientras observan sus caras secas y vacías de verdades ante el espejo: “Sueña, sueña. No podremos impedir que sueñes; pero si hacer que tropieces cada vez que intentes dar un paso para realizar alguno de esos sueños que tu mente de pobre soñador haya creado”. Hay un pacto no escrito entre los que cada mañana se levantan después de haber dormido sobre un colchón lleno de billetes, que tiene como finalidad mantener una sociedad preocupada por sobrevivir. Porque, cuando el ser humano tiene que luchar por un plato de comida, por un techo donde cobijarse; no puede emplear su tiempo en soñar. La realidad c...

CONVERSACIONES CON SENIA (VIII)

Imagen
    Cuando las últimas luces del día vierten en postrero suspiro su haz velado, lastimero, quejumbroso; camino con paso lento y descuidado el sendero que sólo tiene un único destino; ese pequeño reducto de calma donde la joven Senia, apoyada en la baranda de madera, contempla el fugaz discurrir de las aguas; líquido que tanto dio a la filosofía; propicio elemento en que Arquímedes halló la inmortalidad, agua que Demócrito usó en sus reflexiones para hablarnos de lo inexorable del tiempo. Aguas que han cantado los poetas desde los primeros trovadores hasta nuestros días. Y los dos, Senia y yo, en silencio respetuoso, observamos el fluir del torrente que, al igual que nuestras vidas, continúa su camino a pesar de ser consciente que hallará su final en la inmensidad de un mar que lo convertirá en anónimo; como anónimas se vuelven la mayor parte de las vidas cuando acaban sus discurrir inexorable.     -Hoy podía haber sido un día como otro cualquiera. Pero...

CONVERSACIONES CON SENIA (VII)

Imagen
    Desde la orilla observo a Senia sumergida en las aguas cristalinas. Su cuerpo armoniosos y grácil tiene como lienzo los verdes que salpican el fondo fluvial entre cantos rodados y algún que otro pez despistado. Ahora emerge suavemente, como en una imagen ralentizada, y el agua que su torso desplaza en el ascenso decora el aire, resbala por el pelo mojado, por los delicados hombros y unos senos turgentes. Abre los ojos, me mira y sonríe. Los labios entreabiertos desprenden un “Hola” cordial. Se acerca a la orilla y me tiende la mano mientras eleva su pie derecho y asida a mi mano se impulsa para salir del agua y salvar el pequeño desnivel entre el cauce y la orilla. Después me abraza en un prolongado silencio. Siento todo el calor de su cuerpo que traspasa mi ropa.    -¿Tienes frío?     -No, Julio. Ninguno.     -¿Y tu vestido?     -No lo he traído.     -Te cogerá el frío.   ...

CONVERSACIONES CON SENIA (VI) La noche y los sueños

Imagen
-Vuelve la noche, Julio.    -Si, regresa otra vez.     -Yo amo la noche. ¿Y tú?     -Lo ha sido casi todo para mí. Es un reino de silencio. Vacío que he podido llenar con sonidos y palabras como las que ahora escribo.     -No te veo escribir.     -Es cierto. Estoy hablando contigo.     -¿La noche ha sido para ti un elemento de inspiración?     -No en si misma. Ha sido y es un lugar en el que parece imposible que nadie pueda quebrantar la soledad buscada. Tú de eso sabes mucho, Senia. Aquí sola siempre, al atardecer, junto al río. A veces me pregunto cómo serás a la luz del día.     -¿Y tú? ¿Cómo eres a la luz del día?     -Mejor que no te lo explique.     -¿Por qué?     -Las sombras de la noche siempre favorecen los rostros quebrados por los años.     -Venga, hombre. Lo dices para que sal...

CONVERSACIONES CON SENIA (V)

Imagen
    Advierto en los ojos de Senia cierto brillo. Lágrimas retenidas al borde mismo del precipicio de una mirada que no merece ser manchada por otro llanto que no sea el de la alegría. La observo en silencio. Respetando su emoción desconocida para mí. Cuando una lágrima comienza a deslizarse lentamente, silente, trazando una armoniosa trayectoria por el bello rostro, acerco mi mano y dejo que se pose sobre mi piel.     -¿Cuánto tiempo necesita un ser humano para poder entender que la vida es una leve línea interseccionada por infinidad de trayectorias?     -No lo sé. Si lo supiera, te lo explicaría para no verte llorar.     -Es todo tan poco “humano”. ¿No crees, Julio?     -La humanidad es, como todo lo que ha construido el hombre, un gran despropósito.     Mientras crecemos nos van adoctrinando y aleccionando con un discurso preestablecido sobre la naturaleza del bien y el mal, sobre c...

CONVERSACIONES CON SENIA (IV) - HORAS MUERTAS

Imagen
    -Todo día tiene fragmentos de tiempo que son propicios para la soledad. ¿No crees, Senia?     -No sé muy bien a qué te refieres.     -Solía llamarles Horas Muertas. Aunque, en realidad, no son horas. Dependiendo del lugar, la época del año y otros muchos factores, pueden ser segundos, minutos…     -Así que, fragmentos de tiempo propicios para la soledad. Cuando escucho, Horas Muertas, me suena a momentos vacíos, sin intensidad, decadentes.     -Podría ser, Senia. Pero no me refiero la acepción habitual del término. Sino a esos instantes que dejan al ser humano por unos momentos sólo, e incluso indefenso. Imagínate, en una ciudad de clima mediterráneo en verano, el tiempo que va desde que la mayoría de la gente se retira a sus casas o a los restaurantes para comer, hasta que las calles se empiezan a llenar de nuevo porque vuelven a sus trabajos o simplemente a pasear. ¿Nunca has tenido esa sensación? ...

CONVERSACIONES CON SENIA (III)

Imagen
     -Hola, Senia.     -Hola, Julio. ¿Qué tal hoy?      -Bien ¿Y tú?     -Bien.     -En la otra orilla del río hay árboles que se han quedado sin sombra. He visto como los movía el viento, y ni rastro de mancha en el suelo donde han echado raíces, a pesar del sol que lucía.     -¿Y eso te inquieta?     -Me provoca cierto desasosiego.     -Bueno, Julio; eso acaba pasando. Mira Pessoa, tan tranquilo, sentado a la puerta del Café A Brasileira, allí, en la bella Lisboa.     -¡Que recuerdos, Senia! ¿Sabes que yo estuve sentado junto a él?     -Lo sé. Me lo has contado.     -Entrañable Lisboa. Un eterno fado suena en cada esquina de sus calles plagadas de historia, mientras el Tajo, el Mar de la Paja, devuelve los destellos del sol, como enviando una sonrisa a la antigua ciudad curtida en mil batallas. ...