ESCRITOS DE OTOÑO - III
Las hojas muertas de este otoño
murmuran movidas por el viento
antiguas melodías, palabras que se fueron
hacia un impreciso lugar desconocido.
Son los restos caídos de aquel verde
esplendor,
que crujen sutilmente bajo mis pies
cansados,
y hacen viajar muy lejos el pensamiento
herido
a los tiempos pasados quebrados por las
horas.
Puedo ver la belleza de aquellos pies
descalzos
pisando levemente el manto de hojarasca,
cuando ágil danzabas tan solo para mí
bajo el atardecer de un lejano septiembre.
Tus formas sinuosas, el pelo negro al viento
y esa eterna sonrisa de inocencia lasciva,
abría el horizonte de aquella tarde gris,
sepultando el otoño bajo tu primavera.
Camino solitario este bosque de ausencias,
sumido en mis recuerdos y en los rostros de
antaño;
como esos viejos barcos que siguen
navegando,
sabiendo que muy pronto irán a la deriva.
Hay árboles caídos que aún brotan en sus
ramas,
como brazos ansiosos, negándose a morir.
El bosque está en silencio. Lejos los
hombres gritan.
La eternidad se mece en este otoño mágico.
Las hojas muertas, que un día fueron verdes,
extienden su alfombra natural ya resignadas.
Cada paso que doy sobre su manto espeso
me hace sentir más libre, desterrado de
todo.
En este solitario y acogedor paraje,
alejado de un mundo que nunca ha sido el
mío,
tan solo soy un hombre que camina en
silencio
arrastrando consciente la vida a cada paso.
Caminar es sentir que aún resiste mi cuerpo,
que mi mente recuerda todo lo que he vivido;
que, a pesar del tiempo, sigo fiel a mí
mismo;
asumiendo el pasado, libando el presente, aceptando
el destino.
Foto ©Julio Mariñas
Compositor y escritor
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