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EL POETA Y LOS BUITRES (REFLEXIONES DE UN POETA EN LA SOMBRA - XXXIV)

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      He visto a los buitres merodeando alrededor del cuerpo agonizante de los sueños. Sus largos cuellos y sus peladas cabezas impregnadas en sangre entraban y salían de las entrañas de la víctima. Volverán las mareas vivas y espumosas olas descargarán su ira en el litoral de invierno desierto de esperanzas. Arrastrará el mar los restos de aquello que pensamos eterno. Porque la vida es sólo un verso inconcluso en la arena de los días. Si el poeta sigue condenado al abandono, mientras los buitres se reparten el festín ¿qué podemos esperar del ser humano? Por cada noche de vigilia creativa, allí donde el alma se encuentra con el abismo, existe una herida brutal que sigue abierta al despuntar el alba. Los recios picos de los buitres la socaban con su abanico de vanidades y crueldades. El arte al borde del abismo intenta agarrarse en un último esfuerzo, mientras de él cuelgan asidos los falsos creadores, los ingeniosos constructores de supuestas ideas innovadoras y gl...

OBSERVO EL MUNDO (REFLEXIONES DE UN POETA EN LA SOMBRA - XXXIII)

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      Observo el mundo. A mi alrededor flotan los silencios que produce el desencanto. Veo rostros que son máscaras que albergan un interior vacío de conceptos profundos. Los pasos que hemos dado en la arena de los días acaban siempre siendo borrados sutilmente, sin remisión. No queda nada allí donde el mar custodió los sueños. Así se escribe la existencia, con gruesas pinceladas, sutiles sfumatos; tenebrismo de los atardeceres que vivimos en rincones olvidados. A veces regresan con los vientos del Norte las lejanas melodías de tiempos felices; tornan frías, disonantes espectros de sal y bruma. Observo el mundo. Y el mundo sigue ajeno a la profundidad del verso derramado a golpes de pasiones y sueños. FOTO DE JULIO MARIÑAS

ENTRE LA LUZ Y LA SOMBRA DE LOS DÍAS - CAPÍTULO V - LAS HORAS QUIETAS

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    Tic, tac, tic, tac. El péndulo inflexible oscila protegido por la caja del reloj de pie. “Hace tiempo que debería haberme desecho de ese artefacto”. Piensa en la oscuridad del cuarto, aún vestido sobre la cama sin deshacer. La nocturnidad siempre ha sido cobijo de la reflexión. Una caverna dio a Platón muchas de las claves de su filosofía. ¿Es la oscuridad el hábitat natural del hombre pensante? Probablemente fue al abrigo de las cuevas donde el homo primitivo, alrededor del fuego, comenzó a hacer volar la imaginación y reflexionar sobre lo divino y lo humano. Manchas negras y ocres en perdidos rincones de olvidadas grutas; uros y otros animales plasmados por nuestros ancestros para exorcizar sus fantasmas, para propiciar la caza. Pensamiento en el futuro. Inicio de la conformación de un pensamiento dependiente del porvenir, tendente al olvido del presente, nostálgico del pasado. Siempre ha dormido muy poco. Sus pensamientos se debaten implacables entre la razón más...

ENTRE LA LUZ Y LA SOMBRA DE LOS DÍAS - CAPÍTULO IV - LOS CUIDADOS

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    -Estás empapado. Acabarás cogiendo una pulmonía.     El hombre esboza una media sonrisa apenas perceptible mientras mantiene la vista baja. La sobrina seca su cuerpo maduro, cuyos músculos parecen aún conservar el vestigio de los tiempos de esplendor, como si no se resignasen a morir del todo.     -Ni que fueses un anciano desvalido. Haces cosas que no acabo de entender.     El hombre alza la vista. Sus ojos verdes aún conservan cierto aire de picardía y el brillo de las cosas vividas. Piensa que es la intensidad de la existencia lo que ha forjado su prematuro envejecimiento. La profundidad de lo experimentado acaba con las energías de cualquier ser humano, por muy vigoroso que este sea.     -Gracias por los cuidados. Pero no son necesarios. ¿No tienes clase?     -¿Clase? Soy tu sobrina, cómo no voy a tener clase.     -No seas irónica.     -Ahora voy. ...

ENTRE LA LUZ Y SOMBRA DE LOS DÍAS - CAPITULO III - BEN WEBSTER

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      Camina las calles húmedas, densas en su sobriedad. Su paso, ralentizado por la pesadumbre de la evidencia, desacompasado, apenas sostiene su cuerpo encorvado. Busca el pequeño bar. Aquel donde solían pasar las veladas el grupo de amigos. Allí la vio por primera vez. Sonaba el saxo tenor de Ben Webster, aterciopelado, moribundo, profundo, envolvente, dulce, embriagador, candente, experimentado, solitario; el humo de los cigarros se entrelazaba y ascendía hacia el techo del pequeño local. Fuera, los gatos hurgaban en las basuras y algún mendigo tambaleaba su pena por los oscuros callejones del barrio antiguo. Y Webster era la melodía hecha pasión y desencanto. Pero entonces él era un joven apenas sin espejos; tan solo aquellos que hablaban de otros paraísos y sensaciones. Ella tomaba algo en la marmórea barra. Con un sutil movimiento de muñeca llevó el vaso a los delicados y perfilados labios para beber. Así la vio por primera vez, mientras el saxo tenor de Ben...

ENTRE LA LUZ Y SOMBRA DE LOS DÍAS - CAPITULO II - LO QUE DEJAMOS

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    -¿En qué piensas? –ella es morena, el pelo ondulado cae sobre sus hombros, sus ojos color almendra escrutan a su pareja.     -En lo que dejamos atrás –él es de complexión atlética, con el pelo ondulado cayendo por su espalda y los ojos verdes de mirada perdida.     -¿Te arrepientes?     -Sabes que no.     -Ahora hay un nuevo sueño.     -¿Cuántos sueños hay que sacrificar por él?     -Imagino que muchos.     Y la vida se oprime contra los cristales del cuarto de un viejo hotel en alguna pequeña ciudad.     Ella posa la mejilla en su hombro. Desde la ventana ven a los niños jugar en el pequeño patio, ausentes de su aventura.     -¿Tú crees que llegaremos lejos?     -Tanto como la intensidad de nuestros anhelos.     -Eres tan inteligente como bella. Si un día flaqueo, recuérdame estos ...

ENTRE LA LUZ Y LA SOMBRA DE LOS DÍAS - CAPITULO I - HAMBRE

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    Sobre las blancas sábanas hay un cuerpo desnudo; mujer que yace ausente después de haber amado. Aún la recuerdo así, con las sinuosas formas de juventud y sueños. Nadie osaba llamar entonces y profanar la magia de los días en que el tiempo suspendido de nuestras vidas jugaba al azar con los relojes sin dueño. Teníamos tanta hambre que la noche se abría como un negro fruto solitario y siempre amanecíamos ausentes del mundo y los demás. Así nos convertimos en lobos desterrados del vulgar fluir de la rutina, recorriendo los densos bosques donde habita todo aquello negado al raciocinio. Algunos de aquellos cuerpos hambrientos yacen en tumbas olvidadas, otros muchos se han ajado ante el cruel fluir de las horas marchitas, y sólo unos pocos siguen intentando mantener la dignidad ante el implacable fluir de primaveras. Miro hacia atrás y veo los fantasmas del pasado flotar sobre las brumas de los malecones donde, en más de una ocasión, soltamos las amarras que nos ataban a...