domingo, 30 de octubre de 2016

RELATOS ROTOS - XXIV - TOC, TOC...

    Toc, toc… Golpes secos en la puerta de la habitación de madrugada. Temblor entre sábanas, sudor frío; en el reino de la oscuridad todo se magnifica y hay amplios cielos nocturnos que permiten al pensamiento volar hacia regiones inextricables, lóbregas simas; los suspiros siembran su eco en el vacío, el alma no tiene lugares donde posar su incertidumbre. Toc, toc… ¿Quién es? Nadie responde. No se esperan visitas a ciertas horas. Ante la persistencia de las llamadas, la puerta chirría sobre sus goznes y se abre dejando pasar un halo de luz lunar proveniente de la ventana. Toc, toc… Todo es soledad. No hay una serena voz amiga que pueda paliar con su dulce timbre la incertidumbre. Por fin, una silueta maléfica se recorta  en el umbral de la puerta; negro espejismo y, dentro de toda esa oscuridad, unos ojos todavía más negros. Un hilo rojo avanza lentamente por el suelo del pasillo, espeso río diminuto; la luna hace acto de presencia cuando se abren las cortinas; tiene su cara visible ensangrentada. ¿Cabe peor pesadilla? En el prado cercano vagan seres sin rumbo, tambaleantes, descarnados; gimen; sus voces rasgadas, roncas, gorjeantes, son un coro siniestro ininteligible en la noche de plenilunio. Toc, toc… en otras puertas suenan golpes secos; otras puertas de otras habitaciones de otros hogares. Siempre acaba llamando. Tal vez no hoy, no mañana; pero acabará llamando. Las viejas casas están repletas de los ecos sordos que emiten las voces de antaño, cuando había otras vidas; ilusiones, sufrimientos, amores y odios, flotando en la esfera de lo intangible, hacen banal el presente; en un ritual variante y extraño no escrito, siempre acaban siendo derrotados los sueños. Toc, toc… Pareció surgir de la noche pasada. Luego amaneció y la vida volvió a derramarse en un nuevo día. Mientras, en esa aparente calma, bajo ese radiante sol y un cielo puro, sigue latiendo la sombra del destino en su persistente ciclo inevitable.


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