jueves, 26 de mayo de 2016

ERRANTE




ERRANTE


Errante,
por la llanura estéril de los días baldíos,
como un Quijote sin aventura que cumplir;
intentando recuperar la antigua ruta
donde es posible transitar el camino
que lleva más allá de la carne finita,
al lugar en que habitan las homéricas musas.

Desafiando,
las marmóreas plegarias de las voces sin alma,
deambular ausente de nichos y dilemas
el sendero que bordea el abismo del tiempo,
con la rotundidad del verso más sentido,
atento al murmullo del mar en las arenas,
de los árboles viejos que el viento acaricia.

Y así,
ardiendo sin pudor en Infierno de Dante,
surcando una vez más la estígica laguna
que hace ver al hombre el rostro más amargo,
hasta anclar mi barca en el brumoso muelle
donde siempre es invierno húmedo y somnoliento,
contemplando el hogar de los desheredados.


Entregado,
al delicioso canto de vestales lascivas,
a la música quieta del páramo sonoro,
buscando una vez más aprehender las quimeras
de los cuerpos que arden en los prados perdidos,
como en un sueño nuevo de dulces esperanzas,
de amores que trascienden más allá del olvido.

Ebrio,
de juventud vivida y gastada en su esencia,
de oscuridades banas y luminosos soles;
envuelto en el infinito canto de sirenas varadas
allá en los roquedales del litoral soñado;
con fuego en la palabra y melodías nuevas,
frente al universo infinito y cambiante.

Elevo una vez más el verso rebosante
de todas las esencias que encontré en los caminos,
la música envolvente de paraísos perdidos,
el arte atemporal; ese que sólo sabe
intentar como siempre, a través de la historia,
alcanzar esa estrella que late al infinito.


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