jueves, 15 de octubre de 2015

UNA MALETA Y LA LUNA - XX




    -Podemos discutir todo el día, si usted quiere; pero, sin una orden judicial, aquí no entra nadie.
    -Calmémonos un poco, señores.
    -¿Que me calme? No sé cómo tengo que decirle que me da igual lo que diga esa señora de la pensión. Mi madre murió hace seis años. ¿Lo entienden? La historia que cuenta esa mujer es inverosímil.
   -Lo cierto es que dice que su huésped salió anteayer a primera hora de la mañana, apremiado por la Señora Asunción.
    -¡Y dale! Pero qué clase de jefe de policía es usted. ¡Mi madre está muerta! ¡Muerta! Y ustedes me sacan de mi trabajo a las cinco de la tarde, me hacen conducir cien kilómetros, porque esa señora dice que le dijeron que dijo…
    -Es dueña de la pensión, y otros clientes permanentes en ella, aseguran que el señor que ocupa la habitación dieciséis nunca ha faltado a una comida en todos los años que lleva hospedado allí, y que siempre decía lo mismo cada vez que se sentaba a la mesa. “Su comida es excelente. El día que falte en esta mesa, será porque este muerto”.
     -¿Y eso le parece motivo suficiente para llamar a la policía?
     ¿No tienen nada mejor que hacer, que tener en cuenta las palabras de unos decrépitos ancianos hastiados de la rutina?
    -Escuche, sólo queremos echar un vistazo al interior de la casa. No sé por qué tiene usted tanto problema en ello.
    -Esta casa guarda todo el legado de mis antepasados como mi madre lo dejó a su muerte. Así quedó. Después de su entierro, pasé la llave y jamás he vuelto a abrirla. No voy a permitir que entren y revuelvan todos los recuerdos buscando no sé muy bien qué o a quién.
    -De acuerdo. Tendremos que pedir una orden judicial.     
    -Pues hágalo. Mientras tanto, yo regreso a casa. He perdido un día de trabajo. Adiós.
    -Ahí lo va. A estos ejecutivitos, jefe, hay que darles de comer a parte.
    -Lo cierto es que algo de razón tiene. No vamos a molestar al juez con este asunto. La Señora Asunción lleva muerta seis años. Y el cliente ese de la pensión, sin familia ni nadie que lo reclame, probablemente no tenga interés para nadie. Recojan el dispositivo. Nos vamos. 

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