lunes, 5 de agosto de 2013

NAUFRAGIOS

    El tiempo juega insistente con las horas. Imposible evitar el lento desvanecimiento de todo lo bello. Extendemos las manos en silencio, en un intento vano de atrapar los instantes idílicos que alimentan el alma y dan placidez a nuestra vida. ¿Quién dice que la poesía es triste? Todo tiene el color de los ojos que contemplan, el sonido de los oídos que escuchan, el sabor de los labios que besan. En algún lugar, donde aún juega el niño que fuimos, donde aún sueña el joven que fuimos; en algún lugar que es referente en nuestros sueños más intensos, late el corazón de un despertar radiante junto al inmenso mar que siembra con su espuma la arena de una playa a la que hemos llegado todos aquellos que alguna vez naufragamos, pero pudimos salvarnos y contarlo.


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