jueves, 8 de agosto de 2013

LA ODISEA, ULISES Y OTROS CANTOS DE SIRENAS - I - EL NAUFRAGIO

    Sobre la arena de la isla perdida, Ulises inconsciente semeja un cadáver vomitado por el impetuoso mar en respuesta a su codicia. Soñó la gloria que acerca a los humanos a la inmortalidad. Por eso dilató la travesía, mientras se debatía entre su anhelo por regresar a la Ítaca amada, tierra de sus raíces; o en seguir persiguiendo nuevas aventuras. Así es la vida de los hombres. Desde el momento del nacimiento, son nombrados capitanes de una nave en la inmensidad del mar que es la vida. Ahora descansa, Ulises. Siempre es igual. A popa, la estela del pasado va dibujándose en las aguas al correr de las horas. A babor y estribor rumbos desconocidos que está en nuestra mano tomar o no tomar. Última es nuestra responsabilidad de virar a barlovento o a sotavento. Y a proa, la quilla cortando las aguas vivencia tras vivencia, periplo hacia un horizonte incierto. Sueña Ulises, sueña con los mares calmos, con las tempestades, con las costas donde siempre se bañan bellas mujeres dispuestas al placer, con las lóbregas islas donde los desheredados rumian su dolor, purgan sus penas. No hace apenas medio siglo, las gentes del mar vivían rozando las costas, sintiendo el aroma del viento marino en sus rostros. Hoy, apenas quedan ya pedacitos de costa donde botar las pequeñas naves. Imperios de ladrillo, muelles deportivos y varios. El mar ya no es de todos. El veterano pescador tiene que pedir perdón por echar su caña y capturar unos cuantos peces para su cena. Si Ulises. Ahora descansas en la arena de una isla perdida. Pero yo te digo que he visto a mi ciudad Vigo cerrar cada vez más sus puertas, hasta que sus costas ya no son de los que transitamos las calles. He visto las costas españolas heridas por montañas de construcciones inacabadas. Y tú te quejabas de la ira de esos dioses griegos. No son nada comparados con los humanos ambiciosos que, por amontonar riquezas que jamás llegarán a poder gastar en sus efímeras existencias, han destruido y han herido los más bellos parajes de España. Ahora duerme, Ulises. Para mí también ha llegado el momento de descansar y calmar mi ánimo, asumiendo el pertenecer a una especie tan patética y absurda.

FOTO DE JULIO MARIÑAS




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