RELATOS ROTOS - XXI - EVOCACIÓN NOCTURNA
No podía ser más oscura la noche, ni más negros los cimientos que la sostenían sobre la ciudad perdida; mientras, ella recorría sus desiertas calles con paso indeciso, los tacones quebraban un silencio denso de humedades y desencantos, haciendo eco en las vacías estructuras junto a las que pasaba, naves abandonadas de cementosas columnas sin acabar de revestir, esqueletos de colosales edificios que se alzaban hacia el cielo, cuyas cuencas negras semejaban ojos siniestros que la observaban impúdicos; Elsa detuvo sus pasos para encender un cigarro; en sus manos delicadas y bien cuidadas, el zippo apenas alumbró la esquina del muro donde por un instante reposó su esbelta espalda manchando el abrigo gris, envoltorio del vestido rojo que cubría un cuerpo de curvas insinuantes; junto a ella pasó un borracho tambaleante que la obsequió con una mirada furtiva no exenta de un desprecio incomprensible; después de la primera calada al cigarro, continuó su camino falsamente...