lunes, 21 de marzo de 2016

RELATOS ROTOS - XV - UNA NOCHE



    Hace mucho de esa noche. Tanto, que la bruma que entonces flotaba en el ambiente generada por el humo de los cigarros a medio consumir, parece haber disipado aún más tus sensuales formas. El viejo piano estaba allí, en un rincón oscuro y olvidado, dispuesto para aceptar las temblorosas manos de cualquier despojo de la noche que se animase a tocarlo. La juventud aún no me había abandonado del todo, pero yo era un alma atormentada. El discurrir de la vida demostraría que no tan castigada como creía. Pero sí un solitario herido por el desamor y la vacuidad a la que me abocaban mis reflexiones. Por eso, aquella noche, me senté al piano y, con mi torpe técnica de músico hastiado, dejé que mis dedos se deslizasen por sus amarillentas teclas. No sé qué viste en aquel melenudo y mal afeitado despojo, para decidirte a recorrer la distancia que separaba la barra del bar del piano y apoyarte en él, clavando en mí tus almendrados ojos de mirada acuosa. Al instante nos sentimos identificados en una noche que rumiaba penas y misterios. Yo seguí tocando. Se puede decir tanto sin hablar. Fue la noche de los cuerpos. No sé si te acordarás. El alcohol es un mal amigo del recuerdo. Paseamos las calles desiertas y húmedas de un invierno frío hasta llegar a un hostal perdido en un solitario callejón. Cada movimiento de tus muslos hacía crujir las tablas que conformaban la penosa escalera que nos llevó a una habitación desnuda de paredes agrietadas como nuestros corazones. Por un instante, detuvimos el tiempo. No sé si lo recordarás. La tenebrosa magia de la nocturnidad y la alevosía no siempre es grata de recordar; porque nos habla de un tiempo en el que, dentro de la prisión de nuestras ansiedades, éramos seres libres y sublimes; aunque entonces no lo sabíamos. Hace mucho de esa noche. Tanto, que hoy se asoma a mi mente como una lejana historia irreal y difusa. Pero sé que ocurrió porque, en ciertas noches, cuando el insomnio señorea la oscuridad, el tacto de tu piel en mis manos vuelva a latir sutilmente en un leve rasgo de libertad y vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario