lunes, 9 de septiembre de 2013

EL LENGUAJE HUMANO (REFLEXIONES DE UN POETA EN LA SOMBRA - V)

    El lenguaje humano hablado y escrito, al convertirse en plasmación e interpretación de la realidad percibida, ha dado al ser humano la capacidad única en el reino animal al cual pertenece, de construir mediante el uso de unos signos y sonidos determinados, todo un abanico de infinitas posibilidades para diseccionar el mundo que nos rodea a partir de nuestros pensamientos. Así, desarrollo cerebral y lenguaje han ido de la mano en el transcurrir histórico del homo sapiens. Pero, ironías del destino, ese mismo lenguaje que nos ha permitido disertar sobre lo divino y lo humano, también ha tenido y tiene una doble cara. Al igual que un principio activo determinado utilizado en pequeñas dosis puede curar; pero, si se usa en grandes cantidades puede ser tóxico e incluso matar; la complejidad a la que ha llegado el lenguaje humano propicia también que, usado de determinadas maneras, se convierta en el arma ideal para crear confusión, caos y transformar lo acontecido en beneficio de unos y otros. Así, cuando hablamos de lo políticamente correcto para referirnos a lo que a nivel social es considerado por una gran mayoría como veraz y marca los límites del buen gusto y la medida de lo refrendado  por la moral vigente, establecemos un muro, una línea divisoria lingüística que viene a decir “Lo que está dentro de esto, es lo correcto, es el bien. Lo que pasa los límites de esto, es incorrecto, está mal”. Así, apoyados en lo políticamente correcto, unos se aferran a unas premisas determinadas; sean de ideología política o de carácter social; y enarbolan sus múltiples banderas del  bien; de tal modo que, todo lo que no es así, lo consideran nocivo y contrario. Un enemigo en potencia a erradicar. Frente a estos, están los otros. Aquellos que, tomando  como referencia lo políticamente correcto, enarbolan la bandera de lo políticamente incorrecto. Ironías del destino y de la lengua, este segundo grupo acaba encasillándose en una serie de premisas que no son políticamente correctas, pero van dando forma a determinadas ideologías que, al igual que las de los grupos políticamente correctos, descartan cualquier premisa o idea que no esté dentro de los márgenes de las diferentes tendencias originadas. Por lo que están tendiendo, dentro de lo políticamente incorrecto, a otro esquema que ellos consideran políticamente correcto.
    De lo expuesto con anterioridad podríamos sacar varias conclusiones. La primera es que, el ser humano tiende a abrazar uno u otro extremo de la balanza partiendo del principio de dualidad del bien y del mal. La segunda, que cualquier pensamiento que deja de fluir y renovarse acaba su desarrollo en el momento en que se adhiere a una de las dos tendencias. La tercera es que, a su vez, esas dos tendencias utilizan grupos diversos con ideas que se convierten en máximas de lo que consideran su verdad inamovible. La cuarta sería que esos grupos sociales de uno y otro lado, adquieren a lo largo del tiempo una consolidación que los vuelve estáticos e intolerantes a cualquier idea externa que no esté dentro de sus premisas. Una quinta conclusión es que surge la confrontación de los políticamente correctos entre sí, de los políticamente incorrectos entre sí, y de los políticamente correctos con los políticamente incorrectos; lo que suele devenir todos los días en una continua batalla dialéctica ente posturas de los unos, los otros y los de más allá, que giran en un bucle de artificios verbales, sabiendo que están condenados de antemano a no entenderse ni intercambiar conceptos unos con otros.
    Si meditamos sobre ello, todo esto nos lleva a la conclusión de que las sociedades como la nuestra se han convertido en un sin fin de compartimentos estancos, de islas ideológicas que hayan en el amplio margen que el lenguaje les da para sus confrontaciones, todo un abanico de posibilidades para tergiversar, enturbiar y, en definitiva, hablar sin decir nada, para acabar volviendo  a sus premisas de base, inherentes a cada grupo en particular.
    Este fenómeno de sofisticación lingüística tiene como resultado que surjan organizadores alrededor de los diferentes seguidores de unas y otras ideas; y, como colofón la figura del líder, el hombre o mujer a la que el pueblo elige para que rija los destinos de la vida social en la que nos hayamos inmersos. Pero los líderes de hoy en día ya no son los antiguos líderes de la manada humana que, por ser más fuertes y más inteligentes, poseían una relevancia en el grupo que los quería y respetaba por ellos mismos. Los líderes de hoy en día casi nunca hablan de sus propias reflexiones, sino que tienen tras de sí todo un gabinete de asesores y el aliento de los compañeros de sus grupos en la nuca, además de unas premisas determinadas que son los mandamientos del grupo al que pertenecen y de ahí no pueden salirse. No es de extrañar que el panorama mundial este lleno de unos representantes que hablan sin decir nada, reiteran sus intervenciones hasta la saciedad y, lo más importante, han perdido el sentido del humor. Cualidad indispensable para poder reflexionar con libertad y no cerrar el lenguaje en un pensamiento único, decadente y pobre.
    Esa es la miseria que acompaña al lenguaje. Pero, nunca debemos olvidar el origen de las cosas, la raíz donde se asienta la verdad inicial. El lenguaje como tal, nace como medio de comunicación y se va sofisticando a lo largo de la historia contribuyendo a la consolidación del pensamiento. Por eso pienso que nunca deberíamos caer en el error de utilizarlo como alma sentenciadora. Sino que deberíamos  enarbolarlo como bandera única de reflexión y evolución; teniendo de ese modo un constante flujo ideas que nos llevaran a dudar y a meditar. Esa es la grandeza del lenguaje. Sólo así podríamos vivir en una sociedad en continua evolución ideológica, tolerante con todo tipo de pensamientos y enriquecedora. Porque, volviendo a lo políticamente correcto, no me considero político, por lo tanto este primer término ya no me sería aplicable; y no me considero correcto porque, como ser humano soy imperfecto, lo que me lleva a una incorrección constante. Ese grado de imperfecciones e incorrecciones, es lo que deberíamos reconocer ante nosotros mismo y ante los demás. Porque es la llave que abre la puerta de la tolerancia. Las ideas fijas y sentenciosas desembocan siempre en la intolerancia. Por lo que, para ser justos, no sé si habré estado muy  acertado en este artículo. A fin de cuentas, no he hecho más que hacer uso de la lengua para expresar mi opinión; y si considero como he dicho que la reflexión tiene que estar siempre presente en el lenguaje,  posiblemente en el momento de acabar de escribir estas líneas, ya esté meditando sobre ellas; y es muy posible que con algunas de las cosas aquí escritas comience a no estar del todo de acuerdo.

    En fin, es la grandeza de la lengua; esta continua evolución hacia...

BUNKER EN LOS ACANTILADOS DE NORMANDÍA

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