miércoles, 31 de agosto de 2011

FRANÇOIS TRUFFAUT – LOS DULCES SUEÑOS Y LA CRUDA REALIDAD (PARTE II)

    En la carrera de los dos hombres y la mujer sobre el puente de hierro, hay un claro vencedor, “Ella”. Si bien es cierto que hace trampa empezando a correr antes que finalice la cuenta atrás, Catherine, el personaje que encarna Jeanne Moreau en la película de Truffaut “Jules et Jim”, queda perfectamente definido sin palabras en esta secuencia tan cinematográfica. A lo largo de toda la película, la mujer, en este “ménage à trois” aderezado por otros amores que colindan  con el trío principal, lleva siempre la iniciativa, aún cuando la situación se le vuelve más adversa. Dos serían las novelas de Henri-Pierre Roché que Truffaut adaptaría al cine. Una, esta que nos habla de un triángulo amoroso entre una mujer y dos hombres. Y otra, curiosamente, un triángulo amoroso entre dos mujeres y un hombre, en “Las dos inglesas y el amor”. Remitiéndonos nuevamente a ese instante de explosiva libertad, la mujer se ha pintado un bigote y lleva una gorra que le da un aspecto de garçon rebelde. Parece todo un alegato hacia la libertad de la mujer. Catherine vive la sexualidad con naturalidad y se rebela en muchas ocasiones contra los sentimientos que tiene hacia los dos hombres; probablemente porque sabe que el amor encadena demasiado a las personas que, como ella, pretenden ser espíritus libres. El personaje de Jules, interpretado por Oskar Werner –actor que volveríamos a ver posteriormente en la película de Truffaut “Fahrenheit 451”-, tiene un concepto del amor muy diferente al de su amigo Jim, interpretado por Henri Serre. Jules busca perpetuar la relación con Catherin y, para ello, está dispuesto a aceptar sus múltiples infidelidades. Quizá la frase “Madame Bovary c'est moi” –la cual, parece ser, Flaubert nunca empleó-, sea aplicable en este caso al personaje interpretado por Jeanne Moreau con relación a Truffaut. La mujer tiene un papel fundamental en su cine como eje central de las acciones que se desencadenan y llevan a consecuencias más o menos dramáticas. 


    Con “Jules et Jim”, Truffaut construye una película más alejada de “Los 400 golpes” y “Tirez sur le pianiste”; comenzando una época donde la relaciones carnales y emocionales serán el motor de sus films. Los paseos en el campo de los tres protagonistas, nos hacen recordar algunas de las películas de Jean Renoir -director admirado por Truffaut-, como “Una partida de campo”. “Jules et Jim” daría a la actriz Jeanne Moreau un papel lleno de matices. Desde las sonrisas más desenfadadas, pasando por la indiferencia, la frialdad, hasta las lágrimas; Catherine va desgranando todo un tapiz de sensaciones a lo largo de la historia que nos lleva a focalizar toda muestra atención en ella. Es la mujer que, el tranquilo y poco apasionado Jules quiere tener y conservar hasta el final de sus días. Es la mujer que el apasionado Jim desea; Siendo capaz de abandonar el amor en París, para vivir con ella la historia de amor. Por otro lado, la amistad de los dos hombres parece no verse afectada por los sentimientos que, cada uno a su modo, comparten. La sinceridad en sus conversaciones es el mejor antídoto para posibles desavenencias. Incluso, después de la Gran Guerra, aunque en su reencuentro los tres personajes tienen unos instantes de incertidumbre, pronto vuelven a encontrar esos lazos que los unieron y siguen vigentes. Truffaut visitó al escritor  Henri-Pierre Roché en diversas ocasiones. Con setenta y ocho años, le hizo mucha ilusión la idea del joven director de adaptar su novela. Incluso las fotos que Truffaut le envió de Jeanne Moreau. Lamentablemente, Roché nunca llegó a ver la película, porque falleció antes, cuando estaba a punto de cumplir 80 años. “Jules et Jim” nos habla de la amistad, del amor, de las pasiones, y también del caprichoso destino que puede quebrar las historias más bellas. La libertad sigue planeando sobre esta película de Truffaut, que parece decirnos: “Hombres y mujeres son libres de amar y entregarse. Las normas se establecen de común acuerdo, lejos de ideologías globales y esquemas preestablecidos. Pero, nada es eterno. La muerte acecha siempre en cualquier cruce de caminos”. Truffaut encontró la novela cuando rebuscaba en la librería Dalamain situada en la Place de Palais Royal. Su publicación había pasado desapercibida; a pesar de que el escritor tenía una amplia producción como articulista. Vividor de la bohemia, su obra “Jules et Jim” sirvió a Truffaut para entrar de lleno en la “Nouvelle vague”. Nada sería igual para el joven director.

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