domingo, 20 de marzo de 2011

LA TIERRA NO ES UN PLANETA FELIZ

Publicado el 18 de junio del 2002 en Cartas al director de Faro de Vigo


    La tierra no es un planeta feliz. Me lo dice su fría cara demacrada por frías líneas de asfalto; artificiales arrugas de una vejez temprana. Sobre hirientes kilómetros laberínticos viajan huestes, hordas acorazadas, semejantes a hormigas sobre ruedas vomitan su gas contaminando en la faz antaño verde y vigorosa; sinuosas formas trazaron sobre ellas ríos de cristalinas aguas; espesas montañas de verdes tonalidades modelaron a su piel paisajes únicos. Pero el homo erectus salió a escena y con el tiempo bautizose sapiens; surgió de las cavernas temeroso y acabó por cubrir sus pies descalzos; perdiendo así el contacto con la tierra; aquella que lo había recibido cual hijo predilecto entre las bestias. La tierra no es un planeta feliz. Donde ayer crecía el árbol, hoy se eleva el rascacielos; donde habría sus pétalos la flor, hoy vomita el sujeto peligroso. ¡Por fin lo hemos conseguido! Somos los desheredados; el cielo nos sabe a humo; nadie regresa a su barrio, no existe, lo empapelaron de bancos y firme asfalto. La tierra no es un planeta feliz. Ni nuestros cuerpos vencidos son pasto de los gusanos; ni el labrador tiene tierras, ni el pescador mares. Sin quererlo, visten los cormoranes espesas túnicas de alquitrán; y el sabio llora en su saber, y el ignorante ríe en su ignorancia. Todo nos lo han llevado,  la tierra no es un planeta feliz; por que la memoria del abuelo duerme el sueño de los justos, ya que la nuestra es un ordenador y algunos discos duros.
    Lástima del silencio que amaba el prado; pena de los paseos entre nenúfares ¡Cuánto hormigón sobre ellos! Injusto desprecio a los aromas de tardes juveniles de domingo.
    La tierra no es un planeta feliz. Me lo dijo Ulises la otra noche; él, que descansa allá, en lo etéreo, vino a felicitarme por creer en verbos ya perdidos por los hombres.
    ¡Qué triste suena la arcaica campana de la belleza sin “feligreses”  que atiendan ya a los ecos de su tañido! Negra es la noche, negro el dolor que invade mi ánimo cuando veo que la tierra es un planeta triste; mientras, el hombre se cuelga medallas y se vanagloria de su condición. Gracias pero no quiero edenes comunes y oficiales; prefiero este infierno que me habita.

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