domingo, 20 de marzo de 2011

“ET MAINTEMAN, L´IMPORTANT C´EST LA ROSE”

Artículo escrito con motivo de la muerte de Gilbert Becaud  y
publicado en Cartas al director de Faro de Vigo el 30 de Diciembre del 2001

      “Y AHORA, LO IMPORTANTE ES LA ROSA”

    Ha muerto Gilbert Becaud, el cantante de voz áspera y nocturna, devorador de pianos; compositor de inolvidables canciones de amor. Su fin me entristece menos que el de muchos otros que sufren el hambre, el abandono, la miseria. Gilbert Becaud vivió la vida con intensidad y, al igual que Sinatra, Gassman, Mastroianni, y algunos otros, triunfó y saboreó el reconocimiento del público. Pero, cada vez que a mis oídos llega la desaparición de un artista como él, algo dentro de mí se conmueve. En los últimos treinta años, algo llamado televisión, no nos ha permitido olvidarnos de aquellos artistas con los que crecimos. Uno tras otro nos van abandonado. Se habían afincado en nuestro interior, aquel día lejano de la niñez, en la primera mirada de deseo, aprendiendo a besar, bajo las luces tenues de una olvidada habitación, en los adioses y desengaños. Gilbert Becaud con sus melodías y letras nos llevó de paseo por Moscú con “Nathalie”, cuando tan solo caminábamos por las calles de nuestra ciudad; también nos dijo que “Siempre hay un tren que va a algún lugar”; pero sobre todo reflejó como nadie la sensación profunda del dolor ante el adiós de la amada en su inolvidable “Et maintenat”. Ya quedan pocos. Nos abandonan los músicos, los actores, en definitiva, los creadores que no se limitaron sólo a interpretar o dar a luz obras de arte, sino que crearon estilo; personalidades fusionadas a sus obras con tanta intensidad y autenticidad que se han convertido en irrepetibles, y con ellos, siento que se me escapan de las manos un tiempo de ilusiones, esperanzas, original. El artista, engullido por su creación queda perpetuado a la memoria de la humanidad. Y la rosa que Gilbert Becaud cantó y sigue cantando en la eternidad va perdiendo sus pétalos con cada nueva desaparición de un creador. Esperemos que sea una gigantesca rosa de infinitos pétalos, de un color incapaz de ser plasmado en ningún billete ni moneda, en ningún anuncio publicitario. Una rosa al alcance sólo del corazón y no de las viles manos del materialismo.
    Cae la noche del primer día de invierno. Sobre el oscuro y frío cielo, allí, en una nube despistada, Becaud toca el piano de cola, en el que se apoya Sinatra; fuman y cantan; sobre la brillante tapa bailan Gene Kelly y Fred Astaire. Otras nubes aparecen, describirlas sería demasiado largo. Arrojan pétalos de rosa color imposible de precisar. Existe esa rosa. Por eso, lo importante no es el tiempo que invertimos de casa al trabajo, ni si vamos andando o en bicicleta, ni si somos licenciados o aprendices, lo importante, ya lo dijo Gilbert Becaud, es la rosa.

    

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