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VER EL CIELO

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    Como en un idílico sueño de laberintos efímeros, difusos, abrigados en la sombra eterna de la duda que vierte sobre el ánimo del poeta las eternas preguntas que abrasan el alma; eleva la noche su gesto fugaz en la vigilia del que espera un nuevo amanecer más dulce, menos hiriente. Donde los hombres hablen palabras llenas de olvidadas verdades. Así, la mirada se pierde en la faz lunar, intentando ver más allá; en la cara oculta reservada a la negrura del universo infinito. Eterno desasosiego del hombre que sueña, que ama la evanescente luz de las estrellas. FOTO REALIZADA POR JULIO MARIÑAS

GEORGES MOUSTAKI, LA VOZ DE UN POETA EN LIBERTAD

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      Georges Moustaki se ha ido. Los telediarios de esta nuestra España, apenas le han dedicado unos segundos a la noticia de su fallecimiento. Hay que invertir los minutos en otras cosas mucho más importantes. Hablar de los asesinos, ladrones y toca narices de todo tipo. Y si se habla de algún  artista, es porque ha cometido, presuntamente, algún acto ilegal. Para que hablar de cultura. A fin de cuentas, la cultura tan sólo es el pilar en el que se sustentan los principios éticos y morales de una sociedad, y por lo tanto su forma de ser, pensar y actuar. Nada más y nada menos. Pero ese no es el tema. Hablo de Georges Moustaki. Ese hombre nacido en Alejandría, que llegó con 17 años a París. Ciudad que hoy lo estará llorando. En especial, la Île Saint-Louis, que fue durante cuarenta años su lugar de residencia. A la mayoría de los jóvenes, probablemente no les diga nada su nombre. Pero, en un mundo donde el panorama musical se ha convertido, en su mayoría, en un es...

A MI MADRE

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    Los sueños se vertían sobre mi adolescencia inconsciente, mientras tus grandes ojos azules se iban apagando lentamente. Pero hasta el último suspiro, como esos hermosos cisnes que parecen suspendidos en los eternos lagos de aguas cristalinas, cantaste a la vida. Y fueron nuestras miradas; la tuya serena y ya cansada, la mía entonces joven y llena de esperanzas; el último destello de complicidad que cerró las páginas del libro que tantas veces escribimos, madre, a lo largo de mi niñez soñadora, de mi adolescencia rebelde. Porque aquellas hojas del árbol caídas versadas por el romántico escritor y tantas veces pronunciadas por tus labios, se fueron alejando barridas por el viento de muchos otoños. Tantos, como años hace que sucedió todo aquello. Hoy, desde mi ventana, mientras escribo estas líneas; una vez más constato la luz de tu presencia, de aquel torbellino alegre y sabio con que supiste inspirar y abrigar mis sueños de imberbe artista incomprendido. Así, elevo una v...

POETAS Y PODEROSOS

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        Cuanto más sueña el hombre, más se aleja de la realidad. Porque soñar despierto es algo que, los que manejan los destinos de este planeta, aún no han logrado erradicar. Ante ello, impotentes, rotos y frustrados porque no hay ley ni sentencia que pueda frenar el vuelo de una mente pensante; han pasado al plan B. Y dicen por lo bajo, cuando nadie los oye, mientras observan sus caras secas y vacías de verdades ante el espejo: “Sueña, sueña. No podremos impedir que sueñes; pero si hacer que tropieces cada vez que intentes dar un paso para realizar alguno de esos sueños que tu mente de pobre soñador haya creado”. Hay un pacto no escrito entre los que cada mañana se levantan después de haber dormido sobre un colchón lleno de billetes, que tiene como finalidad mantener una sociedad preocupada por sobrevivir. Porque, cuando el ser humano tiene que luchar por un plato de comida, por un techo donde cobijarse; no puede emplear su tiempo en soñar. La realidad c...

CONVERSACIONES CON SENIA (VIII)

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    Cuando las últimas luces del día vierten en postrero suspiro su haz velado, lastimero, quejumbroso; camino con paso lento y descuidado el sendero que sólo tiene un único destino; ese pequeño reducto de calma donde la joven Senia, apoyada en la baranda de madera, contempla el fugaz discurrir de las aguas; líquido que tanto dio a la filosofía; propicio elemento en que Arquímedes halló la inmortalidad, agua que Demócrito usó en sus reflexiones para hablarnos de lo inexorable del tiempo. Aguas que han cantado los poetas desde los primeros trovadores hasta nuestros días. Y los dos, Senia y yo, en silencio respetuoso, observamos el fluir del torrente que, al igual que nuestras vidas, continúa su camino a pesar de ser consciente que hallará su final en la inmensidad de un mar que lo convertirá en anónimo; como anónimas se vuelven la mayor parte de las vidas cuando acaban sus discurrir inexorable.     -Hoy podía haber sido un día como otro cualquiera. Pero...

CONVERSACIONES CON SENIA (VII)

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    Desde la orilla observo a Senia sumergida en las aguas cristalinas. Su cuerpo armoniosos y grácil tiene como lienzo los verdes que salpican el fondo fluvial entre cantos rodados y algún que otro pez despistado. Ahora emerge suavemente, como en una imagen ralentizada, y el agua que su torso desplaza en el ascenso decora el aire, resbala por el pelo mojado, por los delicados hombros y unos senos turgentes. Abre los ojos, me mira y sonríe. Los labios entreabiertos desprenden un “Hola” cordial. Se acerca a la orilla y me tiende la mano mientras eleva su pie derecho y asida a mi mano se impulsa para salir del agua y salvar el pequeño desnivel entre el cauce y la orilla. Después me abraza en un prolongado silencio. Siento todo el calor de su cuerpo que traspasa mi ropa.    -¿Tienes frío?     -No, Julio. Ninguno.     -¿Y tu vestido?     -No lo he traído.     -Te cogerá el frío.   ...

CONVERSACIONES CON SENIA (VI) La noche y los sueños

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-Vuelve la noche, Julio.    -Si, regresa otra vez.     -Yo amo la noche. ¿Y tú?     -Lo ha sido casi todo para mí. Es un reino de silencio. Vacío que he podido llenar con sonidos y palabras como las que ahora escribo.     -No te veo escribir.     -Es cierto. Estoy hablando contigo.     -¿La noche ha sido para ti un elemento de inspiración?     -No en si misma. Ha sido y es un lugar en el que parece imposible que nadie pueda quebrantar la soledad buscada. Tú de eso sabes mucho, Senia. Aquí sola siempre, al atardecer, junto al río. A veces me pregunto cómo serás a la luz del día.     -¿Y tú? ¿Cómo eres a la luz del día?     -Mejor que no te lo explique.     -¿Por qué?     -Las sombras de la noche siempre favorecen los rostros quebrados por los años.     -Venga, hombre. Lo dices para que sal...