domingo, 13 de noviembre de 2016

PRESINTIENDO EL INVIERNO


Encontrar un vestigio de luz
entre tanta sombra y desvarío;
la luz serena de la vida
que es la única riqueza verdadera.





Tengo las manos desgarradas
de tanto acariciar lo hermoso;
porque detrás de la belleza
siempre hay un mar de espinas.





Oculto en el interior de cada mirada
late un universo por explorar,
infinitos interrogantes que asoman
para llenar de incertidumbre la existencia.







Como esas gotas quietas que,
bajo el sol de otoño,
entregan su esencia a un nuevo día;
así el humano va perdiendo,
al transcurrir implacable de los ciclos,
su hálito en cada amanecer.






En cada rincón un mundo,
en cada mundo un universo,
en cada instante una vida
por descubrir y transitar.






A un árbol seco, pero altivo,
viene a posarse una urraca,
que hace de lo muerto vivo,
de lo olvidado, esperanza.




Al principio, nos sigue nuestra sombra;
después, somos nosotros los que perseguimos
la sombra de lo que fuimos,
la sombra de lo que amamos sin descanso.





Bajó la marea
y tus blandas formas
quedaron tendidas sobre las rocas.
Bella, yacente; esperas
a que el mar bese tu cuerpo nuevamente.






Los sueños desvanecidos
en la húmeda arena de solitarias playas.





El hombre solo
en un bello arenal de sueños y esperanzas.






La estrella de mar rindió su vida
en un tapiz de bivalvos y algas
a una gaviota voraz y ejecutora;
así los humanos acabamos
nuestros días de gloria y alegrías
ante la sombra cierta del destino.





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