jueves, 16 de enero de 2014

LA SEGUNDA MUERTE DE DON QUIJOTE - (UNA VIDA DE LITERATURA - I)

    El Ingenioso Hidalgo, antes de exhalar su último suspiro, recuperó la cordura, en un alarde literario cervantino que se ofrece a múltiples interpretaciones. Desde que esas últimas líneas fueron escritas hasta hoy, han pasado unas centurias y la figura de Don Quijote ha sido perfilada y diseccionada de distintas maneras, tanto por los literatos como por los estudiosos de diversas materias. Lo que es indiscutible es que la delgada figura de Don Quijote se convirtió en un personaje que llevaba, cuanto menos, a meditar acerca de sus andanzas y sueños. Porque, en el fondo, lo que representa el Ingenioso Hidalgo es a un soñador atrapado en un mundo de realidades que, aunque son tratadas por Cervantes con cierta ironía y de forma amena y divertida, no dejan de ser crueles y definitorias de una sociedad, ya entonces, enferma de realidad. Si extrapolamos la figura de Don Quijote al panorama actual, nos encontramos en la misma tesitura. No hay lugar para soñadores. Don Quijote es perseguido por la intelectualidad y el clero, que se presentan como amigos ambos de él, para que desista de su empeño de desfacer entuertos y socorrer a los débiles; para que deje de soñar y recupere la cordura. Pero el Caballero de la Triste Figura es un soñador. Sólo, su fiel escudero Sancho, lo comprende a su manera. Los demás lo ven como un hombre ya entrado en años que ha perdido el juicio y pone en peligro su salud y la de los que encuentra en su camino. Pero él sólo busca el amor. Cada uno de sus gestos va encaminado a conseguir la atención de su amada Dulcinea. Lo más preocupante es que Don Quijote ha perdido la cordura por su desmesurada afición a leer. Cosa del todo significativa. Alejado de la realidad –si entendemos como realidad la de la mayoría de los mortales que le rodean- abandona la comodidad de su hogar para vivir una vida de caballero andante y buscar en su camino las aventuras que lo hagan digno de su amada.

    Cuando las últimas letras de El Quijote se escribieron, dio comienzo el verdadero periplo de este personaje por la historia de la literatura y, si bien en dicha historia ha recibido bastante consideración; no así en nuestro país, España. Para la mayoría de niños y jóvenes, y un gran número de adultos, El Quijote sigue siendo un libro gordo que escribió un señor que era manco y una lectura a la que da miedo acercarse porque tiene visos de ser tediosa y extensa. Nada más alejado de la realidad. Cervantes no sólo dio origen con su obra a todo un abanico de personajes que servirían de inspiración a generaciones venideras, sino que sentó las bases de la inmensa mayoría de la literatura posterior. Y todo eso lo hizo con sentido del humor. Porque su libro es inclasificable. Abarca desde la novela, pasando por el relato, la poesía y otros géneros literarios. Hasta las máximas y refranes están presentes en toda la obra. Si Don Quijote de la Mancha hubiese sido escrito en Inglaterra, Francia o América; Cervantes sería una institución que ensalzarían cada dos por tres y su figura sería exportada sin cesar como símbolo de genialidad y figura clave en las letras de todos los tiempos. Pero en esta España nuestra, casi hay que pedir perdón por ser original. Si Cervantes tiene el relieve que tiene, es porque es tal su genialidad que, aunque se quiera, es imposible ser ajenos a ella. La historia de nuestras letras y otras artes está plagada de genios. Cervantes, que no sólo escribió El Quijote, sino muchas más cosas; nos dio con su obra toda una lección de modernidad, de maestría en la creación de personajes y, sobre todo, dejó una gran obra para disfrute de los que nos hemos acercado a ella. Adentrarse en su novela, dejarse llevar por las aventuras que acontecen, es surcar un mundo mágico que, además de grandes momentos de diversión, nos puede despertar de un sueño maléfico en el que nos han ido introduciendo sigilosamente. Al igual que otras figuras de la literatura o la historia, si Don Quijote volviese a nacer y se dedicase a recorrer los caminos, hoy ya carreteras, intentando impartir justicia; de seguro que intelectuales y clérigos lo volverían a perseguir. No vaya a ser que contagiase a los demás su afán por soñar. Intentarían imponerle su realidad, para que de nuevo diese su último aliento y dejase de arrastrar consigo en su locura ensoñadora al humilde Sancho, que, en definitiva, no es otra cosa que la representación del pueblo ansioso de soñar y olvidar la mísera realidad a la que se haya sometido. Junto con la Odisea de Homero, la historia de un hombre en un viaje iniciático en busca de su Ítaca amada, es decir, su infancia, su hogar, su pasado feliz; El Quijote debería ser la lectura obligada y el libro de cabecera que nos permitiese pensar, soñar y ser más nosotros mismos, y menos lo que quieren que seamos. El Caballero de la Triste Figura se alza una vez más majestuoso y recorre pausado a lomos de su enjuto caballo Rocinante las ruidosas metrópolis. ¿No lo veis? ¡Por ahí va! No se lo digáis a nadie. Tal vez pueda seguir soñando en la clandestinidad mientras el mundo se envenena preso en su propia vanidad, ajena al maravilloso mundo de los sueños. ¡Camina, Don Quijote! ¡No dejes que vuelven a matar contigo el rincón donde habitan los sueños más queridos!


FOTO DE JULIO MARIÑAS

2 comentarios:

  1. Excelente publicación, recuerdo que yo leí el libro cuando tenía unos trece años y de inmediato se convirtió en uno de mis libros preferidos.

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