sábado, 4 de enero de 2014

DE LA NATURALEZA DEL SER HUMANO - EL BIEN Y EL MAL

    La fuente esencial de la que se nutre toda discrepancia o conflicto entre los seres humanos radica básicamente en los principios del bien y del mal. Conceptos ambos antagónicos, a la vez que simbióticos, porque beben el uno del otro y se alimentan mutuamente con asiduidad y fruición a lo largo de la historia de la humanidad. El principal error que ha llevado y sigue llevando a las sociedades y pueblos a un continuo conflicto, radica en la apropiación indebida de uno de estos dos términos, tan distintos y tan iguales a la vez, y su aplicación práctica en el liderazgo de las gentes. Evidentemente, al tratar del bien y el mal, nos vemos abocados a definirlos. Pero en esa misma disección del significado de cada uno de ellos, radicaría el verdadero fallo, ya que invalidaría nuestra imparcialidad acerca del tema. Dos conceptos que pueden utilizarse como paralelos, que no iguales, sería la verdad y la mentira. Dicho esto, la verdad de un individuo entrañaría el bien desde su perspectiva particular; aunque esa verdad pudiese fácilmente no ser el bien en sí misma, y ser catalogada por otros individuos como mal. Porque la ética y la moral que se presupone en los humanos, varía mucho, fundamentalmente en relación al núcleo geográfico, social y cultural en que nazcan, crezcan y habiten. Una vez posicionado acerca de un tema concreto de acuerdo a sus principios, surgen diversas variantes. Pero podemos decir que son dos prototipos los esenciales a la hora de posicionarse. El que cree que está en posesión de la verdad y del lado del bien o del mal, y el que piensa que no está en posesión de la verdad pero hace creer a los demás que está convencido de ello. Estos últimos individuos pueden acabar desembocando en otra variante, es la de aquel que no creyendo estar en posesión de la verdad, ha hecho creer a los demás que si lo estaba, y ha acabado creyéndose en posesión de la misma.
    Con estas pocas premisas nos situamos en el siglo XXI. La sociedad está cada vez más radicalizada y posicionada a través de los conceptos del bien y del mal. De tal modo que “Si no estás conmigo, estás contra mí”. La supuesta pluralidad de posturas es una ficción y, cada vez más, surgen posturas antagónicas que se afilian a una corriente u otra, sin posibles vías intermedias ni bifurcaciones. Al mismo tiempo, los pensamientos son sujetos a infinitas y contradictorias interpretaciones con el fin de elevar o destruir dichas ideas.
    Por ejemplo: Alguien expone una opinión concreta y determinante. “Me gusta ir a la playa en verano y contemplar los cuerpos jóvenes y vigorosos”. Una frase tan sencilla como esta, puede suponer la desacreditación o el enaltecimiento de la persona. De ella se pueden extraer infinitas conclusiones a favor o en contra. Verbigracia: Es una persona saludable y adora la juventud – Sólo va a la playa para observar y excitarse con la visión de los cuerpos. Es una persona amante del mar y la gentes de la costa – Detesta la montaña y las gentes del interior. Le gusta el verano y el buen tiempo – Detesta el invierno y la lluvia.
   Todos estos enunciados a favor o en contra, están haciendo un juicio de valor, que no está implícito en la frase, sobre la persona que la ha enunciado, sin conocerla. Aunque los juicios en sí mismos no son malos ni buenos, si posicionan la imagen de la persona que ha dicho la frase en un pensamiento o acción muy determinado; dejándola expuesta a unos juicios por parte de los demás que, sin más informaciones ni enunciados diferentes, se emitirían teniendo sólo una visión muy parcial del pensamiento de quien ha dicho la frase.
     Llegados a este punto, volvemos al lugar de siempre. La visión general y ecléctica de las palabras y los hechos, es lo que nos puede dar una aproximación a las personas. Pero, aun así ¿cómo podemos juzgar a alguien sin estar seguros de conocernos a nosotros mismos? ¿Soy el mismo de hace veinte años? ¿El ser humano –por el hecho de ser racional y pensar- no está en continua evolución, lo que implica una variación en sus ideas y conceptos? ¿Lo negro es tan negro y lo blanco es tan blanco como nos quieren hacer ver? Fuera de las creencias de cada uno ¿quién determina el bien o el mal como conceptos globales, válidos y aplicables a cada individuo o colectivos?
    Por suerte, ni lo blanco es tan blanco, ni lo negro tan negro. Siguen queriendo hacernos creer que sólo hay una, o como máximo dos salidas para cada conflicto o dilema que se plantea a la sociedad. Pero es falso. Las alternativas existen.
    Se tiende a un pensamiento globalizador en pos de la concordia y todo un entramado social preestablecido que alimenta a la gran bestia que es el poder. El individuo como ente independiente, cada vez tiene menos valor. Sólo algunos colectivos dan atisbos de tener energías para intentar emprender acciones favorables a otras visiones de la realidad. Pero el sistema está estructurado de tal manera que, si no cumples todos los requisitos decretados por las altas esferas, acabas diluyéndote en un mar de confusión y desencanto.
    En otras épocas, el mal desde la perspectiva del pueblo, estaba muy definido. Podía llegar cabalgando en corceles y arrasaba todo a su paso. Podía ser ejercido por líderes que no ocultaban su tiranía y la opulencia con la que vivían, mientras las gentes estaban esclavizadas. Hoy, el mal viaja disfrazado; acecha en cada esquina bajo la máscara de lo políticamente correcto y la disertación vacua. Hemos engendrado una sociedad temerosa, desconfiada, insegura. Como si “Nadie parece ser quien dice que es, ni piensa lo que dice pensar”.
    Y en ese juego de conflictos entre el bien y el mal, la cultura parece resistirse a morir y a aceptar el desprecio al que está siendo sometida. Golpeada por muchos. Desde los que dicen ser escritores porque escriben libros, hasta los que dicen ser cantantes porque tienen un micrófono en la mano, pasando por los que se creen muy inteligentes porque han llegado a ocupar un puesto relevante que les permite jugar con los creadores y los intérpretes.
    Ahí radica el verdadero peligro. En las  nuevas generaciones que no han conocido los pilares de la construcción del arte, las columnas que sostienen todo un acervo cultural a través de los siglos, el arduo camino que se ha recorrido para tener un patrimonio artístico. Sin referentes, en unas décadas, los conceptos del bien y del mal se limitarán a un “Si me interesa” o un “No me interesa”; con independencia de cuestiones éticas y morales. Sólo por el mero capricho personal. Evitar esto está en las manos de aquellos que, de un modo u otro, intentamos hacer un arte sin barreras ni colores. Porque la verdadera libertad radica en que existan estos, y los otros; pero, además, los otros y los otros…
    El bien y el mal se confunden y entremezclan. Probablemente estas líneas que escribo no sean tan justas ni tan verdaderas como pretendo. Acaso existan otras visiones tan legítimas y más enriquecedoras. Pero, quien habla con su verdad y sin máscaras, en el momento de hacerlo, tiene que estar por encima del bien y del mal, entendido como puntos inamovibles y extremos.

    Al final, la vida es una sutil línea que acaba siempre en un horizonte jamás alcanzado.

FOTO DE JULIO MARIÑAS

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