miércoles, 20 de marzo de 2013

CONVERSACIONES CON SENIA


-¿Bajan turbias las aguas del río?
-Si, Julio. Demasiado turbias, diría yo.
-Apenas quedan hojas de otoño en los parques. Dicen que está a punto de llegar la primavera; pero el humus que han formado los cadáveres de esas hojas otoñales, pronostican una primavera incierta. 
-Es posible, Julio. Pero ¿hay algo cierto en la vida?
-En eso tienes razón. De incertidumbre en incertidumbre han ido pasando los años, como las aguas de este río.
-El tiempo no tiene escrúpulos, y los hombres no tiene tiempo. Aunque algunos crean ser dueños de él.
-Si. Es cierto. Tic, tac, tic, tac. Me parece que aún está sonando aquel reloj que marcaba las horas en el viejo cuarto.
-¿Qué cuarto, Julio?
-Tienes razón. Ya no existe. Hay tantas cosas que ya no existen.
-Las cosas existen en nuestra mente y poco más.
-Eres demasiado tajante, Senia.
-Esas hojas de otoño que antes has mencionado, de las que ya no queda nada; siguen viviendo en tu mente.
-¿Y los otros?
-¿Qué otros, Julio?
-Los que las pisan sin compasión. Aquellos que nunca se han parado a observar si debajo de ellas palpita algo, o si el viento que lleva las hojas trae consigo algún mensaje.
-Sigues siendo tan soñador, Julio.
-Hoy en día eso es casi un insulto.
-Me temo que si. Sin casi.
-¿Y tú, Senia, con qué sueñas?
-Sueño con inmensas avenidas bulliciosas de gentes que sonríen. Es lo más parecido a la felicidad que se me ocurre.
-Eres muy joven. Por eso se te ocurren esas cosas.
-¿Y tú muy viejo?
-Bueno, tanto como viejo.
-¿Madurito?
-¿Tú, cómo me ves?
-Te veo cansado.
-Es cierto, Senia. La vida parece haber posado todo el peso del ahora sobre mis hombros y comienzo a estar cansado.
-Eso no hay medicina que lo cure.
-Eres joven, pero inteligente. Afortunadamente no está reñida la juventud con la inteligencia.
-Algunos piensan que si.
-Deja que lo piensen, Senia. ¿A ti qué más te da? ¿Los necesitas?
-No. Pero hay gente que si los necesita.
-Aquellos que creen en ellos.
-Si, Julio. Y son muchos. La mayoría.
-Lo que me pregunto es cómo alguien puede creer en ellos aún. Todo lo han barrido. No han necesitado ningún viento. Con sus escobas invisibles han ido barriendo los principios, la moral, la ética y, sobre todo, la verdad.
-Eso es lo más grave.
-Si, Senia. Muy grave. Han pisado la verdad con sus zapatos. Esos que cuestan lo que tú y yo gastamos en comer una o dos semanas.
-El río baja cada vez más fuerte, Julio.
-Si. Cada vez más fuerte. El agua debe estar congelada como sus almas. Pensar que en algún tiempo existió un mundo donde se creía en las utopías, donde se podía mirar a la cara de tu enemigo, sabiendo que era tu enemigo. Donde había treguas y pactos de paz.
-¿Nos tomamos un café, Julio?
-Si. Será mejor tomarnos un café mientras aún no tengamos las manos atadas del todo y podamos usarlas. Mientras aún no tengamos la boca cerrada y podamos conversar y decir lo que pensamos.
-Vamos.
-Vamos. Que el río fluya, Senia. Que el río fluya.


FOTO JULIO MARIÑAS


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