viernes, 3 de febrero de 2012

CHARLES AZNAVOUR – LA VOZ DEL ALMA

    Se apagan las luces, L´Olympia enmudece, y sale a escena Charles Aznavour. Entonces comienza a interpretar una de las cientos de canciones a las que ha dado forma a lo largo de una carrera que comenzó el mismo día en que nació el 22 de mayo de 1924 en el  6º arrondissement, en Montparnasse, París. Porque, este mago del escenario, respiró el aire de la interpretación desde sus inicios y supo cultivar su voz y su talento innato hasta extremos insospechados. El pasado mes de septiembre de 2011 se hizo realidad uno de esos sueños que uno piensa jamás pueden materializarse. Estaba escuchando en directo al artista que tantas veces en mi casa había oído una y otra vez en esa colección de sus obras completas que conservo como un tesoro. Y pude comprobar que los grandes no tienen edad, que cuando Aznavour sube al escenario con sus 87 años de vivencias, ha conseguido que su voz adquiera la profundidad, el matiz, el timbre exacto para transmitir al auditorio las bellas canciones que han acompañado a muchas generaciones  y volcar en sus interpretaciones toda la experiencia de una vida plena. La mirada serena, viva y acogedora, se diría que canta para cada uno de los asistentes al concierto y para el universo entero a la vez. Entonces vuela mi mente y recuerdo al personaje interpretado magistralmente por Aznavour en 1960 de la película de François Truffaut  “Tirez sur le pianiste”.  Recuerdo la primera vez que llegué a casa con apenas 15 años después de un desengaño amoroso y sonaba en la radio “C'est fini”. Entonces no lo sabía, pero las canciones de Aznavour acompañarían mi vida y, en muchas ocasiones, contarían cosas íntimas y reconocibles con las que me sentiría identificado.







    Charles Aznavour ha conseguido fundir como nadie la música, la letra y la escenificación en sus canciones. Cada una de ellas es un relato que nos traslada a un momento de nuestra vida. Como muy pocos crooners de la historia de la música, ha combinado  feeling, swing y dicción de una manera prodigiosa. Porque el éxito de Charles Aznavour no sólo radica en la belleza de sus canciones, sino en esa fuerza expresiva que llena el escenario y envuelve al público transportándolo al tiempo del amor, del desamor, de la juventud, del desenfreno, de la nostalgia, del ahora. Todo en Charles Aznavour es verdad. En cada sílaba pronunciada, en cada nota emitida, hay sinceridad. Eso es lo que ha hecho de su carrera una sucesión de triunfos y de su figura un emblema para la historia de la música. Hace años que le dediqué mi obra sinfónica “Cómo olvidar París” en agradecimiento a esas todas emociones que me ha hecho sentir y todo lo que he aprendido a la hora de cantar escuchando sus interpretaciones. Charles Aznavour es mucho más que el embajador de la canción francesa. Es el embajador de “La Canción”. Todas sus canciones, incluso las más emocionantes, están impregnadas de una fuerza que parece decir “Siempre hay que seguir adelante”. Es emocionante leer sus libros “Le temps des avants”, “D´une porte l´autre” o “À voix basse”; para sentir algo del hombre que hay detrás del artista y como el destino juega a veces con nosotros. El amor es el eje principal de sus canciones, como no podría ser de otro modo. Pero, no sólo el amor carnal, sino el amor por su familia, por sus hijos, por sus amigos, por la ciudad de París y el lugar de donde vienen sus raíces, Armenia. Charles Aznavour ha regresado a L´Olympia con una maleta llena de emociones que me han hecho disfrutar. Yo, aquel chaval de 15 años enamorado, que escuchaba sus canciones en el pequeño barrio de mi ciudad de Vigo; he podido cumplir el sueño de contemplar la magia, la fuerza y el corazón del maestro Charles Aznavour llenando la escena. Los grandes no tienen edad. Cuando sube el telón llenan el escenario con su magnetismo en una suerte de magia imposible de explicar. Charles Aznavour será siempre una voz en la eternidad del mundo del arte. Ahora, como ha dicho siempre, “el show debe continuar”. Que sea por muchos años. En mi corazón y el de otros muchos admiradores, siempre latirán sus canciones para la eternidad.


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