martes, 25 de octubre de 2011

LAS PIEDRAS QUE HABLAN EN GALICIA - CAMPO LAMEIRO

Montes de Galicia, donde es posible encontrar gran variedad de restos megalíticos.

    Fue hace unos 17 años. Joven y lleno de energía, en busca de respuestas a preguntas tal vez incontestables sobre nuestros orígenes, me dediqué a recorrer Galicia. Sus montañas romas, viejas, los bosques de robles centenarios. Entonces, aún no habían tomado forma los grandes proyectos destinados a salvaguardar el Patrimonio Prehistórico de Galicia. Así, muchas veces, para encontrar petroglifos, dólmenes o algunos castros poco conocidos, era necesario indagar preguntando a las gentes de los pueblos, subiendo montes entre tojos o internándose en caminos poco transitados. Esto le daba cierto aire de aventura sin riesgo, al hecho de dar con algunos vestigios del pasado. Hoy, afortunadamente, compruebo con emoción la atención que se presta a estos restos. Muchos, ya debidamente señalizados, permiten a los visitantes acceder a ellos con facilidad.
La Pena Furada hace 17 años


La Pena Furada hoy en día.
En la foto es posible observar el cambio que ha tenido lugar en su entorno.

   
    Uno de estos ejemplos es el Parque Arqueológico del Arte Rupestre de Campo Lameiro en la provincia de Pontevedra. Si bien, estás iniciativas privarán a algún joven apasionado de las sensaciones que yo viví hace 17 años buscándolos; las considero indispensables para el mantenimiento del Patrimonio que se remonta a los orígenes de nuestra civilización. En el caso de Campo Lameiro, si bien, por motivos obvios, no se ha podido englobar todos los petroglifos de la zona –El magnífico ejemplar de ciervo de la Rotea de Mendo o la serpiente de Penalba han quedado fuera del Parque-;  si se ha abarcado una importante muestra de los petroglifos de esta zona. El paseo comprende 22 hectáreas y he tenido la fortuna de caminarlo en un día que no había más gentes para la visita. El maravilloso paisaje natural en el que se encuentran situados los petroglifos en plena naturaleza gallega, llena el ánimo de paz y esperanza. Aún quedan lugares sin herir por la mano del hombre.


La Laxe dos Carballos en el Parque Arqueológico de Arte Rupestre de Campo Lameiro.
Uno de los más bellos petroglifos gallegos.
  
    Alrededor de los castros, dólmenes y petroglifos gallegos, la tradición popular ha generado todo un mundo mágico de hermosas mujeres y seres misteriosos llamados mouros, custodios de los tesoros inconmensurables. Las gentes vivían con ellos de manera natural desde siempre. La primera referencia a los petroglifos data del siglo XVIII. Es posteriormente, en el siglo XIX, con Manuel Murguía, cuando se comienza a tomar conciencia de la importancia de estos vestigios. Es en el Noroeste gallego donde se encuentra una de las mayores acumulaciones de petroglifos del mundo. Los entendidos sitúan el origen a finales del Neolítico y la Edad de Bronce; a lo largo de los milenios III y II a.C.

Caprichosas formaciones en las mágicas roca de Galicia bañadas por el sol.

    Es Ramón Sobrino Buhigas en la primera mitad del siglo XX, quien llevará a cabo un trabajo de campo sobre los petroglifos que plasmará en su obra “Corpus Petroglyphorum Gallaeciae”. Trabajo de referencia hoy en día. Ramón Sobrino Lorenzo-Ruza, continuará la labor de su padre, aportando ideas técnicas y teóricas más avanzadas. Recorriendo la zona que abarca el Parque Arqueológico del Arte Rupestre de Campo Lameiro podemos observar la reconstrucción de un poblado de la época, y   hacernos una idea del estilo de vida que llevaban nuestros antepasados de finales del Neolítico y la Edad de Bronce. Eran sociedades que dominaban la agricultura y trabajaban la cerámica para la elaboración de piezas con fines utilitarios y también artísticos. También fundían el metal para dar forma a útiles de labranza y armas de lucha.
Foto donde se pueden apreciar las dimensiones de la Pena Furada.


Interio de la Pena Furada.
  
    Fue el granito, tan presente en Galicia, el escenario donde, ayudados por piedras duras como el cuarzo, los habitantes de estos lugares dieron forma a los petroglifos. Después de miles de años, y a pesar de la degradación natural del granito y los agentes biológicos como los líquenes tan abundantes en Galicia, los petroglifos han conseguido llegar hasta nosotros. Visitar el Parque Arqueológico del Arte Rupestre de Campo Lameiro resulta un paseo gratificante entre robles y pinos, para acercarnos a los petroglifos perfectamente señalizados. La “Laxe dos Carballos” está considerado uno de los más bellos de Galicia. La roca está llena de ciervos, pero destaca uno de gran tamaño con lanzas clavadas en el lomo y un collar colgado al cuello.

    La variedad se sucede; desde las escenas de monta de “Outeiro dos Cogoludos I”, pasando por las cazoletas y círculos concéntricos de “Outeiro das Ventaniñas”. Todo me hace pensar que este arte es el que más ha conseguido fundirse con la naturaleza. Los seres humanos que grabaron estas figuras utilizaron a la perfección los accidentes de las rocas -grietas, fisuras y diaclasas- para ordenar sus composiciones. Muchas son las teorías acerca de la creación de los petroglifos. Desde ritos de caza a todo tipo de ceremonias. La mayoría hablan de una función para el grupo. Sin embargo, siempre me ha gustado pensar que, al menos en sus inicios, surgió de las manos de artistas que, en solitario, dejaron su impronta en las rocas. Posteriormente es posible que sus creaciones adquiriese una relevancia para el resto de la población primitiva. Pero, en su inicio, quiero pensar que fue un trabajo individual y de inspiración de algunos que utilizaron la piedra como lienzo.


                Soberbio ejemplar de roble en el Parque Arqueológico de Arte Rupestre de Campo Lameiro.

    En esta visita al Parque Arqueológico del Arte Rupestre de Campo Lameiro,  tengo que hacer una especial mención a “Outeiro da Pena Furada”. Hace 17 años, pude acceder a él subiendo el monte entre matorrales. Hoy, esa roca exenta que se apoya sobre otra y tiene en su interior una gran oquedad, es de fácil acceso para el visitante, que puede observar su rotunda forma y meditar sobre la posible función de esta formación. Paseando los montes de Campo Lameiro, de nuevo, he recordado al joven que fui; curioso e inquieto por saber cada día más. Desde entonces hasta hoy, los enigmas del pasado siguen planteando al hombre cuestiones que aún no han encontrado respuesta. Tal vez nunca sepamos todo lo que los vestigios nos han querido decir. Pero lo más excitante es la búsqueda, una aventura sin fin que nos hace soñar. Porque ¿Qué sería de hombre sin sueños?

     Petroglifo de Outeiro dos Cogoludos I, donde se pueden observar complejas combinaciones circulares.


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