lunes, 11 de abril de 2016

LOS RELOJES DEL CAOS

























 Un pesado cortejo desfila ante mí.
Son las horas sin dueño,
que arrastran a su paso lo que nunca será,
enigmático tránsito
de anónimos espectros vacíos de intenciones.
En la infinita línea
que traza persistente
 el canto del olvido,
se mece un duende ausente.
Lejos, sigue rugiendo el mundo
con impasible falta de atención
hacia todo lo bello.
Mientras, al abrigo de inmortales sueños,
danzan gráciles jóvenes de belleza inconsciente.
Desde este lugar incierto,
puedo escuchar con nitidez
 los relojes del caos
mezclando sus tictacs
en un profundo foso
de rotas esperanzas.

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