miércoles, 5 de marzo de 2014

LA MUERTE Y LA VIDA (LO QUE EL ARTE ME HA DADO - I)

    Todo concepto se nutre de su antagónico. Así, indisolublemente enraizada en la Existencia se halla la No Existencia. Frente al Ser está la Nada. Pero no pretenden estas líneas abundar en lo que ya otros pensadores dijeron en sus escritos y explicaron, con mayor o menor acierto, sobre los conceptos de vida y muerte. Me interesa más enfocar la idea de saber que vamos a vivir o morir como potenciador de la creatividad. Creo que sólo así se explica la grandeza del arte. El ser humano, acuciado por el paso inexorable del tiempo ha ideado todo un abanico de manifestaciones artísticas con la única finalidad, de un modo consciente en ocasiones e inconsciente en otras, de perpetuar su esencia más profunda. Tal vez esa sea la gran magia y el porqué de las innumerables sensaciones y pensamientos que las obras de arte generan en la gente. Desde el punto de vista del creador dar vida a unos versos, una historia, una música o una pintura, no deja de ser un vano intento de jugar a ser un dios. Por eso el verdadero artista jamás deja de crear. Impulsado por una extraña fuerza, aún en las condiciones más adversas, toma de nuevo el pincel, rellena pentagramas o páginas en blanco. Así hasta la extenuación, hasta caer rendido. Es un trabajo que no espera recompensa. Incluso egoísta.  El creador genera arte por un impulso irrefrenable de potenciar su yo interior hacia el exterior y materializarlo. Recuerdo cuando de niño comencé a escribir los primeros versos y las primeras obras musicales intentado emular a los grandes. En la adolescencia cambié totalmente  mi actitud e intenté por todos los medios buscar la originalidad. Al llegar la juventud, con más datos a mi alcance y conocimientos, mi forma de ver la creación era aplicar a mis obras todas aquellas cosas que iba aprendiendo de los genios de la historia y hacerlas mías. Entrando en la madurez las líneas que quería seguir ya estaban marcadas y tuve plena consciencia de por donde debería de ir para conseguir mis objetivos. Con la premisa básica de nunca dejar concebir la creación como una labor solitaria. El artista se enfrenta a la soledad de un modo consciente para poder tramar su obra. Las noches en vela son una evocación de esa eternidad, en ese cabalgar por la peligrosa línea que separa la vida de la muerte, la vigilia del sueño. Así, el niño sueña triunfar, el adolescente pretende ser admirado por los suyos, el joven ansía en éxito total y, finalmente,  el artista maduro, consciente de la realidad, ya no busca el beneplácito de nadie. Porque en el propio acto de crear, está la satisfacción y la plenitud de su existencia. En un mundo cada vez más materializado y superficial, donde los seres humanos buscan escapar de la cruda realidad de su finitud banalizando todo lo que les rodea; el creador sigue gestando sueños en cada verso, cada melodía, cada pincelada. Bajo los pies de un mundo envanecido en su propia soberbia, el arte sigue brotando por las grietas de caos reinante. Nosotros pasaremos, pero el arte será eterno.


HOMENAJE A LOS IMPRESIONISTAS - PINTURA DE JULIO MARIÑAS


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