martes, 25 de marzo de 2014

EN LA NOCHE - VII - DESPUÉS DE MÍ

    Un halo silencioso desciende sobre la mesa polvorienta. Tarde o temprano sucederá. Partiré y un libro quedará abierto en la oscuridad de la habitación, hasta que alguien abra de nuevo la ventana y el sol de primavera deposite un rayo de luz sobre las páginas que ya nunca podré leer. ¿Qué es la vida de un hombre ante la inmensidad del universo? Los surcos que dejamos a golpes de alegrías y tristezas acabaran borrados por las lluvias otoñales o los vientos del Norte que el invierno aciago hará tornar. Habrá quietud en los caminos que recorrimos cuando éramos. Acogerán otras huellas, y otras más, que borraran para siempre nuestro rastro. El hombre observa el mundo y pretende hacerlo suyo en un alarde de egocentrismo desesperado. Pero la vida no es de nadie y, sin embargo, la muerte es de todos. Así lo avisa el viejo roble vencido a la orilla del camino, con su tronco horadado por las horas. Quedará para siempre todo lo que pensé mío, durmiendo ante la espera de otros ojos. Tal vez algún verso jamás contado será llevado por las olas a las lejanas tierras donde cantan para la eternidad etéreas formas, vaporosos fantasmas del exilio sentimental. Y tal vez, sólo tal vez, una lágrima fugaz resbale por el rostro de alguna que en otro tiempo fue mi vida. Vida que ya sólo será un espejismo en el inmenso océano de los sueños.


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