viernes, 28 de marzo de 2014

AQUEL VIGO LEJANO - FRAGMENTO DE LA NOVELA SOBRE LA RECONQUISTA DE VIGO

   
    Este fragmento corresponde al momento en que el pueblo se dispone a tomar la villa de Vigo ocupada por los franceses. En breves líneas, son nombrados la mayoría de los personajes de la novela.

    Son las ocho y media de la noche y, en las afueras de la villa, en la plaza de Compostela, se encuentran trescientos paisanos y cuarenta y dos soldados de tropa y oficiales. El padre Giráldez anima a los civiles, y Bernardo González del Valle, Cachamuiña, se pone al frente de la comitiva. Inician entonces el avance hacia la puerta de la Gamboa con paso firme y decidido. A la cabeza van Carolo, Timón y otros veteranos marineros, seguidos por Xoan, Pesco, Jesús, Peret, mujeres, chavales. Silban las balas francesas a su lado. Algunos caen abatidos, pero los demás no vuelven la vista atrás ni frenan la marcha, saben que es la única manera de poder reconquistar la villa. Al mismo tiempo, bajan hacia las murallas las gentes de la Falperra y los vecinos del Salgueiral, entre los que se encuentran Armando, Loira, Ana, Santi, Francisco, el Ermitaño, el Peregrino. Se reúnen en la plaza de los Cerdos e inician el ataque por la parte más baja de las murallas. Mientras, en el interior, los paisanos atacan a los franceses dentro de murallas; entre ellos, Matías el guarnicionero armado con un cuchillo, y Santiago el herrero con su martillo de doce kilos, se acercan a la puerta de la Gamboa. Oyen desde allí la marcha de sus amigos del exterior. Santiago alza el martillo y golpea a dos soldados franceses que se precipitan al suelo, mientras grita: -¡Ahora, hermanos! Fuera, Carolo da los primeros hachazos a la puerta de la Gamboa con rabia y decisión. Cuando cae muerto por los disparos, su amigo Timón toma el relevo y sigue abriendo brecha en la dura puerta hasta que también es alcanzado por las balas. Cinco hombres más pierden la vida antes de que Cachamuiña acabe de abrir el boquete. Golpea una y otra vez la puerta mientras siente bajo sus pies los últimos latidos de los paisanos abatidos. En tres ocasiones las balas entran en una de sus piernas, pero no desfallece hasta conseguir su objetivo. Al mismo tiempo, otras gentes comienzan a subir por la muralla utilizando una escala fabricada por un monje franciscano. Detrás de Cachamuiña,  entran en la villa cientos de gallegos enfurecidos…


No hay comentarios:

Publicar un comentario