viernes, 8 de noviembre de 2013

HOMENAJE AL LIBRO (REFLEXIONES DE UN POETA EN LA SOMBRA - XVIII)

    Sobre el anaquel sereno. Sólo habla cuando le preguntan. Si extiendes la mano y lo abres con cariño, pronto el silencio se torna sonido, fluyen las palabras, las frases cadenciosas, tal vez ilustraciones. Y así, el libro nos va llevando a mundos hasta entonces desconocidos, historias reales o ficticias, ajenas en su argumento a la vida del autor o plasmadoras de las vivencias del mismo. El libro es el amigo que puede enseñar sin tener voz, llevarnos a lugares desconocidos sin movernos de nuestro asiento. Hay libros grandiosos, con letras doradas en sus portadas y bellas ilustraciones en su interior. Hay libros humildes, heridos por la polilla y marcados por la humedad de oscuras habitaciones. Pero la mayor parte de ellos albergan en su interior, en mayor o menor medida, algo interesante. Una enseñanza, una referencia, una inspiración, un sentimiento, un esbozo de vida. Cuando nos preguntamos: “¿Cuál es el mayor invento de la historia?” Deberíamos contestarnos: “Sin duda alguna, el libro en sus diversas formas”. Desde los primeros papiros hasta hoy, la historia de la humanidad no habría sido igual sin el libro. El descubrimiento, que no invento, que fue el fuego; alrededor del cual se contaban historias, ha dado mucho al ser humano. Pero los antiguos homínidos acabaron siendo sapiens de verdad, alcanzaron “el doctorado”, cuando su saber comenzó a circular de mano en mano. El libro ha sido consejero de grandes estrategas, medida de reflexiones de ilustres pensadores, consuelo de angustiados solitarios en horas muertas y vencidas. El ritual de la búsqueda entre los anaqueles de la biblioteca, el abrazo de nuestras manos en sus solapas, el tacto de sus hojas en nuestros dedos, el olor de sus páginas que guardan celosas pensamientos de otros tiempos, otras vidas, otros mundos. Todo conforma un insustituible rito de culturización, donde el afán por saber nos llama. Cuando uno recorre las páginas de un libro, abandona su “yo”, y se entrega al recorrido de lo que las palabras vertidas en el papel le proponen. Un buen libro es una cura de humildad para comprender lo grande que puede ser un alma humana y a las cotas de imaginación, reflexión y sensibilidad a las que puede llegar. Un libro es el mejor epitafio y testamento que un escritor puede dejar para la posteridad. No dejemos que los libros duerman jamás el sueño de los justos. En ellos está lo que ha sido, lo que es y lo que será todo el pensamiento de los seres humanos que los han escrito, los han elaborado, los han leído y los han reflexionado. Porque un libro es el elemento material más cercano a lo vivo. Tiene el alma de su autor. Por eso la historia está jalonada por corrientes totalitaristas que han adoptado como primera medida la quema de libros. Porque en el libro reside y late la esencia del intelecto y el alma de todo aquello que llamamos humano. Cuando ya no podamos correr por los verdes prados, nadar en las agitadas aguas, amar con pasión, ni siquiera caminar por los senderos al lado del río; siempre tendremos la oportunidad de, con nuestras manos temblorosas, abrir un libro y volver a elevarnos muy lejos del presente; a la niñez, la juventud, la época de sueños e ilusiones. Así, con un libro entre las manos, podremos volver a sentir la pasión que sólo puede darnos, el tacto de sus páginas en nuestras manos ya cansadas.

MANOS DE JULIO MARIÑAS

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