martes, 29 de noviembre de 2011

SOBRE LA NATURALEZA DEL HOMBRE (Anotaciones para un ensayo filosófico) V

Playa de la Griega en Asturias, donde es posible contemplar
huellas de dinosaurios que están entre las más grandes del mundo.



    En un mundo global donde se tiende al pensamiento único, surge lo “Políticamente incorrecto”. Todo aquel que disienta de una serie de valores  que, por ley no escrita pero si latente en los diferentes estamentos sociales, se han instaurado: todo aquel que cometa el terrible fallo de disentir, es inmediatamente juzgado por la opinión general. Así se van creando compartimentos estancos, facciones, partidos, asociaciones que supuestamente van haciendo una sociedad más rica, cuando en realidad la van distanciando y, todo aquel que no este definido es un “rara avis” del que hay que desconfiar o, simplemente, está fuera de juego, condenado a un ostracismo no dictado ante un tribunal, pero si llevado a cabo por una sociedad ciega y devoradora de mentes pensantes.

  • Valores latentes y determinados en diferentes estamentos sociales
Consecuencia; “Políticamente incorrecto”
                           (Rechazo y condena del individuo al ostracismo)







    Con este panorama actual, entra en juego una antigua palabra que cobra fuerza: Hipocresía. Tal como versa en su definición, dícese del fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan. Así, el intento de mostrarnos física y mentalmente geniales sin interrupción ante una sociedad exigente, nos convierte en hipócritas ante los demás y, lo que es más grave, ante nosotros mismos. Nuestro “Yo interno” se va auto convenciendo de valores e ideologías adquiridas en el núcleo social y familiar, ante la imposibilidad de librarse del lastre adquirido, en una sociedad discriminatoria con el diferente. El hombre como sociedad determinada (empresas, asociaciones) como partido ideológico, es admitido aun que sea criticado. El hombre como “Yo individual”, fuera de los círculos o estamentos, es ignorado, repudiado, condenado al ostracismo.  No interesa el “Yo” como particular. Hipócritamente se nos dice: “Velamos por su seguridad”, “Velamos por su salud”, “Velamos por su bienestar”; pero, en realidad se nos está diciendo: “Velamos por la seguridad, la salud y el bienestar del colectivo”. El individuo como ente pensante único carece de todo valor. Posee valor en tanto y cuanto está integrado en el “Sistema Urano”. Sistema que devora a sus hijos con avidez, temeroso de perder su hegemonía. Así, en un sistema protector y paternalista, nada debe quedar al azar. A través de un entramado social muy elaborado se nos dice constantemente: “No debes de llegar tarde a casa”, “Cuidado con que gente vas”, “Pórtate bien”. Entran en juego las medidas sancionadoras que coaccionan la libertad de movimiento del sujeto fuera de “los límites” prefijados socialmente. Hace acto de presencia el término “Prohibido”. A través de pequeñas prohibiciones se consigue “La Gran Prohibición”, acceder al Árbol de Ciencia de Bien y del Mal, lo que equivale a la prohibición de pensar. El hombre “diferente” dentro del entramado social, busca “algo”, pero no sabe el qué; busca su naturaleza primigenia, el germen de su esencia, el inicio de su gestación, para poder entenderse a si mismo. El conflicto entre esa búsqueda y todas las trabas que el sistema pone a ese cometido, deviene en un estado de alteración casi constante. Acaso uno entre un millón, o entre dos millones, no lo sé; decide tomar el camino de exiliarse de su propia especie. La no implicación social es vista como un egoísmo con relación al resto de los individuos. Interesa “el hombre activante”, no “el hombre pensante”. Se podría argüir contra esa idea que “el hombre actuante” es también un “hombre pensante”, y es cierto. Pero lo es en función de un interés colectivo y de acuerdo a las reglas que rigen dicho colectivo y dicho interés; no es un “hombre pensante” en función de un interés propio, es decir, de un interés puramente humano y, por consiguiente, de un interés real hacia la búsqueda de la esencia verdadera.

  • Condicionamiento social – Hipocresía: Ante los demás, ante nosotros mismos
  • Auto convencimiento por los valores adquiridos socialmente – Sociedad discriminatoria con el diferente
  • El hombre como sociedad determinada o partido ideológico (Admitido) – Tiene valor como integrante de un sistema
  • El hombre como “Yo individual” (Rechazado) – Carece de valor ante la sociedad
  • “Sistema Urano” (Protector) – Nada debe quedar al azar:
    1. Medidas sancionadoras (“Prohibido”) - Coaccionan la libertad del individuo
    2. Pequeñas prohibiciones llevan a la “Gran Prohibición”: Prohibido acceder al árbol de la ciencia – Prohibido Pensar
  • Hombre diferente – Busca su naturaleza primigenia (la esencia de la especie) - La no implicación social es vista como un egoísmo.
Consecuencias: Estado de alteración, exilio de la especie




    Hacia el 600 a. C. Heráclito  de Éfeso afirmó: “Todo está constantemente cambiando. Nada permanece igual”. En contraposición, Parménides, cien años después postuló que, no sólo el cambio, sino el movimiento es imposible. Para moverse, cambiar de sitio en el espacio, el nuevo sitio tiene que estar vacío. El concepto de espacio vacío implica el concepto de no-ser que, según Parménides, no existe; por lo que tampoco puede existir el espacio vacío y, por añadidura, tampoco puede existir el movimiento. Zenón, discípulo de Parménides, abundó en estas afirmaciones en el famoso ejemplo de Aquiles y la tortuga que está delante de él, y que, según Zenón, jamás podrá alcanzar porque cuando Aquiles alcance el punto donde está la tortuga, ella ya ha avanzado un poco desde ese punto. Realmente no hay movimiento, porque por corto que sea el primer movimiento, siempre habrá un punto intermedio.
    Aplicado este argumento a la evolución del hombre a través de las épocas, podríamos darlo como válido en el sentido estrictamente de trayectoria evolutiva prehistórica e histórica. Otra cosa diferente sería aplicarlo a la esencia natural del homo sapiens que, aunque bajo otras formas, en su valor más puro, no ha cambiado. ¿Es más o menos violento el hombre moderno que su antepasado cavernario? Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que igual...

Enigmático Lago de Sanabria sin turistas en invierno.


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