domingo, 25 de septiembre de 2016

LA MEDIOCRIDAD

    La Mediocridad señorea nuestros tiempos. Tiene aires de falsa humildad. Su bandera es lo políticamente correcto. Todo lo juzga y todo lo parece comprender. Su lema es “O estás conmigo o estás contra mí”. En aras de un hipotético “Mundo justo”, dice lo que está bien y lo que está mal, creando movimientos varios ficticiamente buenistas, frente a los humanos malvados que no son sensibles a todo aquello a lo que hay, por decreto no escrito, que ser sensibles. Así, en su raíz más profunda está el crear una sociedad homogénea, en la que el individualismo sea un delito de lesa humanidad. La Mediocridad se atribuye los derechos humanos, una universalidad de conceptos; relegando a toda manifestación, todo arte, que pueda alterar en lo más mínimo ese pensamiento recto e invariable; toda manifestación o todo arte que sea profundo y reflexivo. Todo debe ser rápido, tajante; frases escuetas, melodía mínimas banales, supuestamente innovadoras; ese es el nuevo credo que invade el mundo y las nuevas tecnologías. ¿Para qué una larga historia profunda y emotiva, si el humano del siglo XXI se conmueve con una frasecilla o una breve imagen real o no? Lo importante es decir lo que los demás quieren oír; no lo que en realidad pensamos. El mundo global, que se dice tan abierto, es el mundo de las máscaras. La red está llena de humanos que se dicen lo mucho que se quieren Eso sí, una frase equivocada fuera de los círculos imperantes, y serás condenado al ostracismo. La autenticidad es considerada una enfermedad. La libertad es una palabra que se utiliza después de haber sido vaciada de significado. A los más o menos relevantes socialmente, se les baila el agua. A los artistas solitarios, se les ignora sin pudor. Porque lo que cuenta es estar, por encima de principios o de cualquier ética personal. La Mediocridad se ha instalado en muchos de los personajes públicos de primera fila. Y la gente se sorprende ¡Oh, cómo han llegado hasta ahí! Sin entender que ha sido la masa borreguil la que ha encumbrado a personajillos mediocres a los altares de la fama. Si antes, en otras épocas de la historia, la hipocresía era el baluarte de la alta sociedad. Hoy, la hipocresía campea a sus anchas por el pueblo llano. Es un elemento aceptado. Lo que propicia que la mentira, la soberbia y el descaro; puedan manifestarse sin pudor, sin que nadie se sorprenda lo más mínimo. La Mediocridad se ha creído patrimonio de gentes de pocas luces y bajo extracto social. Pero es un error pensar así. También, en muchas ocasiones, el licenciado, el ser humano de carrera y provecho, no es más que un ser superficial que navega a sus libre albedrío en el corazón de una sociedad ignorante y pretenciosa. Las artes, insignia de lo bello y lo profundo, en la mayoría de los casos, se han convertido en parodias y ensayos que imitan con cutrez y poco acierto las obras de los grandes artistas de la historia. Todo es un maremágnum de despropósitos en el que sólo los que hemos conocido otros tiempos y otras cosas más auténticas, podemos con dificultad distinguir lo auténtico de lo falaz; y eso, después de una esfuerzo ingente que pugna por dejar exhaustos a aquellos que pretendemos a toda costa conservar nuestra integridad artística y humana. No sé a dónde llevará todo esto. Pero es tal el envenenamiento de mediocridad que sufre la sociedad, que es muy probable que, si ocurre, tardemos mucho tiempo en volver a ver una luz de esperanza que haga presentir una recuperación y resurgimiento del alma pensante, del respeto a ser diferentes, de la aceptación de que, intentar convertir el mundo en un paraíso artificial de seres estupendos, es un despropósito, y es quitar a la vida su verdadera esencia; el conflicto, la disertación, la discusión entre personas que piensan diferentes pero que, respetándose y escuchándose, pueden llegar a ser mejores y hacer mejor el mundo en que vivimos. Mucho mejor que esta perspectiva que tenemos ahora, de un rebaño que pretende que todos caminamos en una misma dirección  que no se sabe a donde lleva, pero es muy reconfortante, porque nos dice lo estupendos que somos viviendo una vida vacua y sin temblores. No, la vida no es eso; la vida no es mediocridad. La vida es pasión, convulsión, encuentro y desencuentro. Y, todo lo demás, son fuegos de artificio efímeros e insustanciales.


3 comentarios:

  1. Partiendo de la base en la cuál todo es muy relativo, hasta la opinión de cada uno; caben distinguir por ejemplo las redes sociales, éstas en la que nos comunicamos está llena de ideas, creatividad e ingenio que podrá ser más o menos mediocre pero se basa en la libertad individual de cada uno para expresarse. Supongo que tu reflexión se refiere a los que designan las directrices del arte y, o demás cuestiones relacionadas con el poder o cualquier otra influyente en la capacidad del individuo para mostrar su pensamiento o expresión sea del tipo que sea. La vida puede ser muchas cosas según cada uno la sienta o vea, a mi entender no todo tiene por qué ser cuestionado por el mero hecho de tener una mente mas o menos mediocre. La excelencia está reservada para aquellos que tienen las oportunidades de poder desarrollar sus aptitudes según educación, clase social y mecenas, aquél que se fije en tus ideas, escritos, pinturas, etc. y te diga: - Chaval, tú si que vales. Sea o no mediocre tu trabajo. Un saludo.

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    1. Totalmente de acuerdo. El artículo habla de una mediocridad instaurada y propiciada por el sistema que formamos absolutamente todos. No tiene nada que ver con el grado de intelectualidad ni conocimientos. En lo que respecta al terreno individual, por supuesto que todo individuo tiene derecho a manifestar sus ideas y sentimientos. Diré más, no creo que la mediocridad sea patrimonio de determinados grupos sociales. Muy al contrario, personas supuestamente ignorantes en muchas materias, destacan y pueden ser un pozo de sabiduría en otras. Como digo en el artículo “La Mediocridad se ha creído patrimonio de gentes de pocas luces y bajo extracto social. Pero es un error pensar así. También, en muchas ocasiones, el licenciado, el ser humano de carrera y provecho, no es más que un ser superficial que navega a sus libre albedrío en el corazón de una sociedad ignorante y pretenciosa”. Decir, además, en lo que concierne al terreno del arte, que grandes músicos y escritores de la historia, jamás pisaron un conservatorio ni una universidad. Por lo tanto, nada más lejos de mi intención que establecer un juicio sobre las múltiples manifestaciones en la red. Entre otras cosas, porque juzgar el grado de mediocridad de alguien no es potestad de un individuo y mucho menos de alguien como yo, que tengo por lema en mi blog “Tengo una amiga llamada Libertad”. Pero la reflexión creo que es conveniente, ya que, sobre todo la red, es visitada por niños y jóvenes que, en muchas ocasiones, no tienen la capacidad de los adultos para discernir el grado de importancia y la ubicación que tienen las diferentes manifestaciones dentro de una vida.

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