viernes, 7 de noviembre de 2014

CAE EL POETA (REFLEXIONES DE UN POETA EN LA SOMBRA - XXXVII)

    Cae el poeta. Sus rodillas golpean el suelo áspero y cubierto de hojarasca del viejo cementerio. Entre las tumbas silentes, llora el olvido de su obra. Aquellos versos inspirados que acompañaron las noches de vigilia al brotar de su pluma. Alrededor del camposanto, la ciudad dormita agónica con respiración entrecortada, ahíta de soberbia y mediocridad. El mundo gira indiferente al canto del poeta. Tal vez, pasado el tiempo, como en tantas otras ocasiones a lo largo de la historia, las gentes lavarán sus conciencias editando los versos del poeta en cuidadas ediciones póstumas. Lo harán cuando no sea más que mondos huesos o polvo en cualquier tumba. Ahora no quieren que la inmensa sombra que proyectan sus palabras pueda hacerles meditar o mueva conciencias. Es necesario el triunfo de lo superficial para que el ser humano pueda justificar tanta miseria, tanta mediocridad, tanta injusticia. Cae el poeta y, arrodillado entre las tumbas, sonríe aliviado porque sus alas de sueños pueden llevarlo a lugares que la inmensa mayoría de los mortales jamás podrán ni siquiera rozar con sus pensamientos Porque la caída del poeta es la confirmación de su grandeza. Es la prueba irrefutable de que la senda que transita es lo más alejado de una sociedad cruel y enferma.

PINTURA DE JULIO MARIÑAS

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